¿Seguro que sabes lo que significa?

Aunque no seamos capaces de definir correctamente las palabras que utilizamos, sí creemos conocer su significado aproximado. Sin embargo, puede que estemos equivocados. ¿Estás seguro de saber lo que dices?

Significado de las palabras

Hay personas que cuando se compran un nuevo electrodoméstico o un sofisticado aparato informático no leen las instrucciones. De igual modo, hay quien utiliza las palabras sin saber lo que significan. Unos y otros van aprendiendo por el método ensayo y error, aunque también se dan casos de individuos que nunca llegan a descubrir las verdadera prestaciones de utensilios y palabras y se apañan como pueden con el botón o el vocablo equivocado.

¿De verdad sabes lo que estás diciendo?

A mucha gente le da no sé qué corregir a los demás (no es nuestro caso, je, je); por eso, si nuestro mejor amigo mete la pata, ni siquiera levantamos una ceja. Es lógico que pasemos de decirle a nuestro jefe que no sea zoquete, pero sí deberíamos recomendar a los allegados que se lean el modo de empleo de algunas palabras antes de proceder a su uso. Conversar sobre nuestra lengua, ese instrumento de comunicación imprescindible para nutrir el intelecto, no puede ser de mala educación. En cualquier caso, si vosotros no os atrevéis a enmendarle la plana a nadie, para eso estamos nosotros. También admitimos críticas, e incluso escarnios.

Diletante

La palabra diletante suena estupendamente, un polisílabo expresivo y con cierto acento musical. Hay quien gusta de meterla en su discurso sin que venga al caso, tal vez porque le atribuye un significado que no tiene. Si uno pregunta: «¿qué quieres decir con diletante?», es posible que se encuentre con respuestas como «pedante, esnob, puntilloso»…; significados que no tiene. Diletante viene del italiano y significa literalmente «que se deleita». Según la RAE es «Conocedor o aficionado a las artes, especialmente a la música» y en una segunda acepción: «Que cultiva algún campo del saber, o se interesa por él, como aficionado y no como profesional». Así que, salvo Nadal, cualquiera podría decir: «En el tenis, soy un mero diletante».

Adolecer

Hasta lo vemos escrito y nos toca corregirlo con frecuencia: «Adolece de malicia, es un político conciliador». Adolecer no es carecer. La definición de la Academia es: «Tener o padecer algún defecto». Ejemplo: «Adolecer de claustrofobia» es padecerla.

Prístino

No sabemos si vosotros habéis oído decir «en sus prístinas aguas» o «escribe con una prosa prístina» o «tras su prístina exposición»; nosotros sí. Hay gente que cree que prístino significa algo así como claro, transparente, limpio; pero no: significa «antiguo, primero, primitivo, original».

Bizarro

Una palabra que se coloca a menudo donde no procede es bizarro. En francés e inglés bizarre significa raro, extravagante. Pero en español no. En nuestra lengua es valiente, generoso, espléndido.

Endémico

En ocasiones para decir que una especie animal o vegetal está fatal, en peligro de extinción, se dice que es endémica. Esto no es correcto, una especie endémica es aquella propia y exclusiva de determinadas localidades o regiones, nada más.

El poder de la costumbre

Hay objetos concebidos para determinados usos a los que podemos darles otro. ¿Quién no ha utilizado un cuchillo para apretar un tornillo, por ejemplo? Las palabras están vivas y pertenecen a quienes las usan, así que a fuerza de emplearlas en el lugar inapropiado pueden llegar a significar lo que a nosotros nos dé la gana: es cuestión de perseverar en el error y propagarlo. Así ha ocurrido con lívido, que significaba amoratado aunque la gente creyera que era blanco o pálido; con enervar, que era todo lo contrario a ponerse nervioso: en origen, debilitar, quitar las fuerzas; con nimio, que  aunque en principio quería decir excesivo, abundante o exagerado, lo delicado de su sonido llevó a creer que significaba justo lo contrario: insignificante, pequeño; con álgido, que significa gélido, muy frío, pero que la gente lo emplea como el momento más caliente de una situación…

Claro está que pueden pasar años hasta que la costumbre lleve a la RAE a aprobar el uso inventado por los que no leen los manuales de instrucciones de las palabras. Mientras tanto es preferible no hacer el ridículo. Hay que consultar el diccionario.