El lenguaje, como la ropa, se pasa de moda

No caigamos en utilizar términos y expresiones de actualidad en aquellos textos con afán de durar al menos una temporada.

Expresiones pasadas de moda

Ahora que ha terminado la Mercedes Benz Fashion Week Madrid, ese acontecimiento anteriormente conocido como Pasarela Cibeles, aprovechamos para hablar de moda en este blog dedicado a la comunicación.

No vamos a insistir en el abuso de esos anglicismos que tanto fascinan al gremio, y que han llevado a la Fundación del Español Urgente, la Fundéu, a elaborar una lista para sustituir los fitting, sitting, shooting… por términos más made in Spain. Lo que pretendemos con este post es señalar que el lenguaje que hoy es moderno mañana puede estar pasado de moda, igual que las colecciones presentadas en los desfiles de 2013 estarán completamente demodé en la próxima temporada.

Expresiones como «mola mazo», «me pone mogollón», «está dabuten», «eso es guay del Paraguay», «hasta luego, Lucas», «efectiviwonder», «pero de qué vas», «chachipiruli», «me piro, vampiro»… —y no seguimos porque hasta a nosotros nos da vergüenza— ya no tienen cabida en el habla de hoy. Y más vale que no se nos escapen porque eso delatará nuestra edad y nuestra incapacidad para actualizarnos.

¿Y a qué viene esto?

Cuando uno escribe en las redes sociales de su empresa puede estar tentado de utilizar expresiones de moda, sobre todo si busca dar una imagen cercana. Hay momentos en que los referentes comunes de la televisión, la política o las declaraciones de famosos a los que no acompaña una inteligencia tan brillante como su aspecto, aportan un toque de humor, un guiño a los lectores que tal vez les cautive y les haga sentir simpatía hacia nuestra marca.

El lenguaje del blog

El contenido en Facebook y Twitter es efímero, por lo que uno puede permitirse utilizar expresiones de última moda, pero solo hasta cierto punto y nunca de la temporada pasada. Con el tiempo, uno no puede seguir repitiendo frases célebres como «que te calles, Karmele», «Quién me pone la pierna encima…», «Estoy siempre en el candelabro»… De lo contrario, los recién llegados y los que no estén al tanto de tanta caspa televisiva no sabrán de qué estamos hablando; y los que sí recuerden esos momentos estelares pensarán que ha llovido demasiado desde que se llevaba ese look lingüístico.

Sin embargo, cuando escribimos para una web o un blog de empresa, está totalmente contraindicado echar mano del anecdotario del momento: el lenguaje debe ser mucho más «clásico».

Hay formas de resultar próximo sin tratar a nuestros lectores como si fueran unos colegas con los que tomamos cañas en el bar de la esquina. Hablemos para todos, fuera de las modas del lenguaje. De este modo nuestros textos resistirán mejor el paso del tiempo.