¿Por qué necesitamos los emoticonos?

Los emoticonos son necesarios, y no solo cuando escribimos con ironía a un amigo sin sentido del humor, sino también en el mundo profesional.

Emoticonos son necesarios

Decía George Hills, el periodista, escritor y profesor hispanobritánico con el que generaciones de periodistas aprendieron su oficio, que «las paredes oyen, pero oyen muy mal porque no ven». Con la escritura es peor: ni vemos a nuestro interlocutor y ni siquiera le oímos, por eso es tan fácil malinterpretar un mail o un wasap.

En estos tiempos en los que los clientes no abundan es más importante que nunca tenerlos contentos. Una mala redacción o una interpretación equivocada no pueden hacer que nuestro destinatario se mosquee. Por supuesto que lo primero es escribir bien y dominar la manera correcta de expresar con fidelidad lo que queremos decir, pero añadir un emoticono en el momento justo puede disipar cualquier duda en el destinatario; es más, igual conseguimos que nos quiera más que a otro.

Los emoticonos son útiles

El Diccionario de la RAE recoge el término emoticono como una palabra formada por emoción e icono, y lo define como «símbolo gráfico que se utiliza en las comunicaciones a través del correo electrónico y sirve para expresar el estado de ánimo del remitente».

Cada día usamos más el correo electrónico y menos el teléfono para nuestras comunicaciones profesionales. El mail es rápido y la información queda por escrito, con lo cual no hay posibilidad (o no debería haberla) de decir: «Tú no dijiste eso sino lo contrario» o «No quedamos así sino asá».

El correo electrónico tiene grandes ventajas, pero también el gran inconveniente de que aumenta las probabilidades de conflictos por mala interpretación. Esto es así porque en un texto no hay tono, voz, gestos, sonrisas, dudas, ironía… Falta el lenguaje no verbal. Aunque uno tenga dotes de escritor romántico, corre más riesgo de que sus emociones no sean correctamente interpretadas en un escrito, donde el lenguaje es, en cierto modo, incompleto.

Eso sin contar con que mucha gente escribe fatal (los correctores damos fe de ello), que puede ser impulsiva, que a menudo responde los correos o los wasaps a toda velocidad, sin tiempo para reflexionar, sin ponerse las gafas, en el metro, desde el móvil… Unos cuantos golpes de pulgar y ya le damos a la tecla fatídica: «enviado desde mi iPhone».

Los emoticonos son necesarios porque contribuyen a humanizar nuestros correos y nuestra imagen en redes sociales. Esas caritas simples provocan una reacción positiva en el destinatario porque nuestro cerebro está genéticamente dispuesto a prestar atención a los rostros humanos. Un emoticono disipa dudas, suaviza cualquier mensaje crítico, ofrece un plus de amabilidad y, aunque decir esto parezca más ñoño que un teletubbie, contribuye a crear un entorno más feliz.

Modo de empleo de los emoticonos

Sin embargo, dicho todo lo anterior, tampoco podemos ir poniendo caritas como si tuviéramos 15 años. Hay unas normas de uso:

  • No utilices un emoticono en las primeras comunicaciones por correo electrónico con un nuevo cliente. Tómate un poco de tiempo para conocerle antes de ponerle caritas; o sea, igual que en las relaciones de pareja: no pretendas intimar antes de tiempo.
  • Puedes y debes usar emoticonos en las redes sociales de tus clientes, como Facebook y Twitter. Los emoticonos tienen un gran poder social.
  • No te pases con los emoticonos, con una carita es suficiente, no es necesario poner tres ni siete.
  • Da igual que tu dispositivo tenga un emoticono para cada situación en la que pueda encontrarse el ser humano; limítate a los básicos: sonrisa, tristeza, guiño y poco más.
  • Relee tu texto antes de enviarlo, cuida tus saludos y despedidas, y si sospechas que algo puede malinterpretarse, emoticono al canto.
  • El correo electrónico no reconoce el sentido del humor ni la la ironía. Si eres graciosillo o utilizas el doble sentido, pon una sonrisa 🙂

El punto y coma también existe

Sabemos de gente que no lo ha usado nunca, pero el punto y coma también existe y tiene su utilidad. Aprender dónde soltarlo nos hará escribir mejor.

Uso del punto y coma

Todo el mundo estudió que el punto y coma era un signo de puntuación que marcaba una pausa mayor que la de la coma y menor que la del punto, algo intermedio. Sin embargo, eso no es decir mucho, porque a la gente no le queda claro dónde colocarlo ni cuál es ese punto medio.

El punto y coma se usa tan poco que, cuando alguien lo domina, resulta hasta elegante. Tener la clave del punto y coma, saber ponerlo si viene al caso, nos va a ayudar a escribir mejor.

Primera ocasión para poner un punto y coma

Si queremos escribir bien, hay que usar el punto y coma cuando hacemos una enumeración de frases relacionadas que ya llevan comas. Por ejemplo:

  • Mi padre vino el domingo; mi madre, el lunes; mi marido, hoy por la mañana.
  • La comida estaba mala; la sopa, fría; la carne, dura; la cerveza, caliente.

En estos casos, si ponemos la conjunción antes del último elemento de la enumeración, podemos sustituir el punto y coma por una coma:

  • La comida estaba mala; la sopa, fría; la carne, dura, y la cerveza, caliente.

Segunda ocasión para poner un punto y coma

En las oraciones independientes que tienen relación entre sí ponemos punto y coma. Por ejemplo:

  • Todo el mundo a escribir; demostrad lo que sabéis.
  • Estamos haciendo obras en casa; hemos tirado tabiques, renovado el suelo….

En estas frases, el punto y coma podría sustituirse también por un punto y seguido, o incluso por dos puntos.

Tercera ocasión para poner un punto y coma

Antes de una frase que comienza por un conector adversativo, concesivo o consecutivo (pero, aunque, por lo tanto, sin embargo, no obstante…) se puede colocar un punto y coma. Por ejemplo:

  • Quiere demostrar que sabe utilizar el punto y coma; sin embargo, no siempre acierta.
  • Pone un montón de acentos cuando escribe; aunque en los lugares equivocados.

Otras veces no es necesario el conector, pero la segunda frase podría llevarlo, y se entiende su relación con la primera y su sentido contrapuesto. Aquí el punto y coma viene al pelo:

  • Mi padre escribe muy bien; a mí se me da fatal.

Cuando la segunda frase es corta se puede emplear una coma en lugar del punto y coma:

  • Escribe mucho, pero escribe mal.

Por el contrario, si la segunda frase es larga, se recomienda  utilizar un punto en lugar del punto y coma.

  • Escribe un rato todos los días desde que aprendió a hacerlo en la escuela. No obstante, sigue escribiendo con muchos errores y mala caligrafía.

Cuarta ocasión para poner un punto y coma

La RAE recoge una cuarta ocasión en la que aconseja poner punto y coma: detrás de cada elemento de una lista o relación que va detallada en líneas independientes:

La reunión de hoy tendrá los siguientes puntos:

  • punto y aparte;
  • punto y seguido;
  • punto y coma;
  • puntos suspensivos;
  • dos puntos;
  • punto final.

A nosotros no nos gusta este uso del punto y coma al final de cada línea. En Balloon también hacemos trabajos de diseño y maquetación, y nos parece que esta elección ensucia visualmente la página. Preferimos no poner nada o bien terminar con un punto.

Como se  ve en el ejemplo, estas enumeraciones empiezan con minúscula porque después del punto y coma se escribe siempre en minúscula; y la última línea termina con punto.

Una cosita más

El plural de punto y coma es invariable:

  • Tenéis que aprender a poner los punto y coma donde proceda.

Para que suene mejor, se puede recurrir a un truco:

  • Tenéis que aprender a poner los signos de punto y coma donde proceda.

Y dicho todo esto, los signos de puntuación son imprescindibles para comprender un texto y para hacernos entender con precisión, pero también son interpretables en algunas ocasiones. Ahí radica su encanto: pueden trasmitir una postura tajante, una duda, un estado de ánimo, un matiz… El uso del punto y coma es necesario a veces, pero otras resulta opcional y completamente subjetivo; aunque a nosotros nos gusta.

 

Marketing contra periodismo

Los profesionales del marketing y los periodistas nunca nos hemos llevado bien del todo. Ahora los periodistas debemos asumir nuestra derrota.

Periodistas o marketing

En Balloon somos periodistas, vaya por delante. No nos gusta quejarnos, pero no nos queda otro remedio. Las asociaciones de la Prensa y la Fundación Tripartita (integrada por el Servicio Público de Empleo Estatal, las organizaciones empresariales y las sindicales) no hacen más que ofertar «cursos gratuitos de marketing para periodistas». Nos llaman al reciclaje.

Y esto ocurre mientras se cierran más y más medios de comunicación, se plantea un ERE hoy y otro mañana, despidos masivos, sueldos de esclavitud, jornadas interminables y sustitución de veteranos por becarios (contra los que no sentimos ninguna inquina, pobres).

Tenemos que reconocerlo: o nos convertimos pronto en mercadólogos o no serviremos para nada. El redactor de mesa hoy se alimenta de las redes sociales y las alertas de Google porque no tiene tiempo de ir a ruedas de prensa y porque en las pocas que se convocan, a veces, ni siquiera se admiten preguntas.

El corresponsal es ya una especie en extinción. Incluso esos que secuestran y matan en conflictos bélicos son periodistas y fotógrafos autónomos que se malvenden a cambio de tarifas de subsistencia. A nadie le interesa lo que aporta un periodista, sino lo que puede vender.

Da igual que el periodista escriba bien, que ofrezca temas de interés para su comunidad, que esté al tanto de las últimas novedades. Nadie o casi nadie se dará cuenta de sus virtudes.

Somos diferentes

Obviamente, a periodistas y mercadólogos nos interesa que las empresas para las que trabajamos obtengan buenos resultados, pero la manera de conseguirlo es absolutamente diferente para unos profesionales y otros.

En Balloon tenemos clientes para los que escribimos contenidos. Unos nos valoran, y les estamos muy agradecidos. A otros les da igual lo que pongamos; de hecho, estamos seguros de que ni ellos mismos se leen (y seguro que no van a leer este post). Solo quieren saber a cuánto ascienden este mes sus fans, followers, suscriptores y megusta. No ven más allá de las estadísticas y, por supuesto, el número de conversiones.

Algunos directores de márquetin (o marketing como suelen denominarse a sí mismos) piden por adelantado la planificación del mes o de la semana para comprobar que las noticias que vayan a publicarse en sus redes sociales no choquen con sus intereses comerciales. Preguntan qué temas de «rabiosa actualidad» colgaremos dentro de diez días, por ejemplo. Es decir, no están dispuestos a que la realidad les arruine una buena venta. El devenir mundial no ocurre porque sí: lo deciden los expertos en márquetin.

¿Y dónde queda la actualidad? ¡Qué más da eso! A quién le importa si aparecen noticias de hace un mes en algunos blogs, tuits que han sido retuiteados 3000 veces en el curso de la última quincena; actualizaciones déjà vu en Facebook sustentadas por el pago al señor Zuckerberg y noticias que sospechosamente se ponen de moda cada equis tiempo, según las consignas comerciales.

Los blogs se escriben con criterios de posicionamiento, enlaces apropiados y abundancia de palabras clave. Es la consigna. No hay que escribir bien, sino escribir como Google manda. Si no lo haces así, nadie te encontrará.

Los periodistas hemos perdido la batalla.

¿Se escribe junto o separado? (II)

En el post anterior hablamos de locuciones que da igual si se escriben junto o separado; la RAE suele preferir que se escriban en una sola grafía, pero admite que se haga en dos. En esta entrada vamos a ver expresiones que se escriben siempre juntas, o siempre separadas o en dos palabras o en una dependiendo de su función y significado.

Se escribe junto o separado

Se escribe siempre junto

Apenas. Quiere decir un montón de cosas: escasamente, difícilmente, casi no, recientemente, en el momento en que… «Apenas se mueve», «Apenas trabajo con ellos», «Apenas hacía una hora que habíamos hablado», «Apenas termino de cenar y ya tengo hambre de nuevo». Apenas siempre va junto.

Se escribe siempre separado

A gusto. Quiere decir cómodamente, con placer. «Me siento muy a gusto a tu lado», «Me reí a gusto».

De repente. Va siempre separado, es un adverbio que indica que algo se aborda de forma súbita, inesperada, imprevisible.

En medio. Quiere decir que algo o alguien está en el centro o estorbando el paso: «Estaba en medio del pasillo».

Se escribe junto o separado, depende…

Hay locuciones que pueden escribirse junto o separado y da igual, pero otras pueden inducir a error y llevarnos a cometer una falta garrafal. Prestemos atención.

Acerca. Es una locución que precede a un complemento para expresar de qué se trata, sobre qué: «No sé mucho acerca de ese asunto».

A cerca. Cerca separado de la a expresa proximidad de tiempo, lugar, cantidad… «El virus afecta a cerca de un millón de personas».


Aparte. Tiene muchos significados y funciones: al margen de, excepto a, con omisión de, además de y puede ser adverbio, sustantivo, adjetivo y preposición. En todos estos casos se escribe junto: «Aparte de lo dicho, no tengo nada más que añadir», «Dejando aparte sus diferencias, le saludó cordialmente», «Bromas aparte, esto va en serio», «Este tipo es un caso aparte», «Hizo un aparte para dirigirse al público», «Aparte de ella, nadie más lo sabe».

A parte. Esto es otra cosa, se trata de una coincidencia de la preposición a seguida del sustantivo parte: «Esto no conduce a parte alguna», «Córtalo a partes iguales». Es decir, que podríamos asegurar que aparte se escribe siempre junto, salvo que nos encontremos en una frase con el sustantivo parte.


Contrarreloj. Puede escribirse junto o separado cuando se trata de un adjetivo: «La prueba contrarreloj se celebrará el martes», y también si es un sustantivo: «La contrarreloj fue emocionante».

Contra reloj. Es una locución adverbial que significa a toda prisa y que debe escribirse siempre en dos palabras: «Estoy trabajando contra reloj». Por cierto, es incorrecto poner antes la preposición a.


Demás. Expresa lo que queda, una parte del total. «A la demás gente le pareció raro», «Las demás personas se retiraron», «Lo demás me da igual», «Las demás cosas quedan pendientes», «Trataremos de todo lo demás», «Llevaremos comida, bebida y demás».

De más. Cuando coincide la preposición de con el adverbio de cantidad más se escribe separado: «Aquí no pinto nada; estoy de más», «No dijo ni una palabra de más».


Entorno. Es un sustantivo que designa el ambiente, lo que nos rodea, el medio natural. «El bebé estaba fuera de su entorno habitual», «Se crió en un entorno muy duro», «Hay que preservar el entorno». Sabemos que va junto cuando es sustantivo; esto es, que admitiría delante un artículo como el o un.

En torno. Es una locución adverbial que significa alrededor. «La familia se reunió en torno a ella», «Miró en torno suyo para descubrir algún indicio». También puede expresar cantidad aproximada: «Suelo caminar en torno a un kilómetro diario».


Mediodía. Cuando nos referimos a las 12 horas o al centro del día, se escribe en una sola palabra: «Se levanta a mediodía», «Mejor quedamos a mediodía y comemos juntas». También va en una palabra cuando se refiere al Sur o Mediodía.

Medio día. El adjetivo medio, mitad, y el sustantivo día se escriben siempre separados: «Se quedó solamente medio día», «Estuve medio día con dolor de cabeza».


Sinvergüenza. Para calificar o insultar a alguien se pone junto: «Este político es un sinvergüenza».

Sin vergüenza. La preposición sin más el sustantivo vergüenza se escriben siempre separados, indican que alguien hace algo sin cortarse, sin pudor: «Actuó sin vergüenza».


Sobretodo. Un sobretodo es un abrigo.

Sobre todo. Es una locución adverbial que siempre se escribe en dos palabras y significa especialmente, principalmente.


En un post anterior hablamos de algo que suele complicar mucho la vida a la gente: las variaciones de porque, por que, porqué y por qué.

Nos quedan algunas dudas sobre cuándo se escribe junto y cuándo separado, por ejemplo, en el caso de los prefijos o las variaciones de a sí mismo, así mismo y asimismo o sino y si no… Pero eso será otro día.

¿Se escribe junto o separado? (I)

Cada día tenemos dudas con la lengua, y muchas de ellas se refieren a si algo se escribe junto o separado.

Se escribe junto o separado

El insigne filólogo Víctor García de la Concha, hoy director del Instituto Cervantes, y antes de la RAE, contó recientemente que estaba escribiendo cuando le asaltó una duda, salió de su despacho y  preguntó a su secretaria si «a gusto» se escribía junto o separado. Y si esto le ocurre al maestro, qué no nos pasará al resto de los mortales.

He aquí una lista de expresiones que podemos escribir como nos dé la gana, junto o separado, sin dejar por ello de escribir bien.

Da igual junto que separado

¿Adonde o a donde? ¡Estamos de suerte! Hasta hace poco, había que diferenciar entre adonde con o sin antecedente expreso y a donde sin antecedente expreso, lo cual confundía a la gente. Ahora se puede escribir adonde o a donde en una o en dos palabras, como queramos. La misma libertad rige en el caso del  exclamativo o interrogativo adónde o a dónde con tilde: «¡Adónde vamos a parar!» o «¡A dónde vamos a parar!».

¿Aprisa o a prisa? Es preferible escribirlo en una sola palabra, pero nadie podría decir que hemos cometido una falta si lo escribimos separado.

¿Alrededor o al rededor? Puede escribirse en dos palabras, pero mejor que sea en una. Por cierto, no es correcto decir «alredor».

¿Bocabajo o boca abajo? Se escribe de las dos formas, mayoritariamente en dos palabras, pero se recomienda la forma junta: bocabajo, donde además se suprime una a.

¿Bocarriba o boca arriba? Se admiten las dos grafías, pero como en casos anteriores, se recomienda escribirlo en una sola palabra.

¿Deprisa de prisa? Se puede escribir junto o separado, pero se aconseja hacerlo en un una sola palabra.

¿Enfrente o en frente? Ambas maneras son válidas, pero mejor escribirlo todo junto.

¿Enseguida o en seguida? Mejor escribirlo en una sola palabra, aunque es válido en dos.

¿Entretanto o entre tanto? Da igual escribirlo junto o separado cuando es equivalente a mientras tanto: «Mi hermano, entretanto, se cambió de ropa». En cambio, cuando es sustantivo va necesariamente en una sola palabra. En español de España no se suele utilizar, pero sí en países hispanohablantes de América. Entretanto tiene el sentido de ínterin: «Ella se fue de viaje, y en el entretanto él se echó otra novia».

¿Malhumor o mal humor? Es más frecuente escribirlo separado, en dos palabras, pero también se admite junto porque existe el verbo malhumorar, el adjetivo malhumorado y el adverbio malhumoradamente.

¿Medioambiente o medio ambiente? Se puede escribir de ambas formas y la mayoría de la gente lo escribe en dos palabras, pero la RAE prefiere que se escriba en una sola, puesto que tiende a pronunciarse como una, con el primer elemento átono. El plural es medioambientes y el adjetivo derivado es medioambiental.

¿Noche Buena o Nochebuena? Casi siempre se escribe en una sola palabra, y con mayúscula, pero podría escribirse en dos. Lo mismo ocurre con Nochevieja, que se prefiere en una sola, pero es válido en dos.

¿Sobremanera o sobre manera? Esta expresión no se usa mucho en el lenguaje hablado, pero sí puede que se escriba y en ese caso surja la duda de si va junto o separado. Pues también, como en casos anteriores, se puede escribir como se quiera aunque es preferible hacerlo todo junto: «Le preocupa sobremanera lo que digan de él».

En próximas entradas hablaremos de locuciones que se escriben juntas o separadas dependiendo de la situación, de las que siempre se escriben juntas y de las que siempre van separadas.

Los vascos y las vascas

Mucha gente se empeña en utilizar ambos géneros para ser políticamente correctos, hacer visibles a las mujeres y evitar el sexismo en el lenguaje.

Lenguaje no sexista

En español existen dos géneros: masculino y femenino. El masculino es el género no marcado y el femenino es el género marcado. Se llama género no marcado al que puede abarcar los dos: masculino y femenino.

Por eso decimos «quiero a mis hijos con locura», aunque tengamos dos niñas y un niño; o «mis padres están muy mayores», pese a que, en la mayoría de los casos, tenemos un padre y una madre de diferentes sexos; o «mis cuñados vienen a casa por Navidad», aunque de paso también aparezcan nuestras cuñadas; o «este curso tengo unos profesores horribles», cuando seguro que tenemos más profesoras que profesores, según las estadísticas; o «celebro el cumpleaños con mis amigos», aunque vayamos a invitar a amigos y amigas…

Además, los adjetivos tienen que concordar con uno de los dos géneros. Por ejemplo, si nos referimos a los alumnos, diremos «mis alumnos están muy motivados», o «mis alumnos y mis alumnas están muy motivados», pero no «mis alumnos y mis alumnas están muy motivados y muy motivadas», algo que, puestos a no discriminar a nadie, sería lo suyo.

Principio de economía de la lengua

Las lenguas se rigen por un principio fundamental de economía, por lo que resultaría ridículo tener que escribir «los niños y las niñas son educados y educadas por los profesores y las profesoras titulados y tituladas en colaboración con los padres y las madres de dichos alumnos y dichas alumnas» tan solo para no discriminar a unos ni a otras. Nos pongamos como nos pongamos, en vez de un lenguaje no sexista, esto sería ridículo.

En nuestra lengua, igual que el masculino puede representar el femenino, también el tiempo verbal presente puede representar el pasado. Por ejemplo: «La llegada del hombre a la Luna se produce en 1969», un presente que se refiere al pasado y un «hombre» que, aunque fuera varón, implicó a la humanidad del planeta Tierra.

También el singular se emplea en representación de lo plural: «El perro es sociable», cuando en realidad queremos decir que lo son todos los perros y todas las perras.

Por lo mismo hay palabras femeninas que representan el masculino, como «gente», «personas», «población», «masa»… En la frase «la gente es muy desagradecida» entendemos que hay hombres desagradecidos y mujeres desagradecidas; o en «las personas somos muy interesadas» deducimos que lo somos los unos y las otras.

Es lo que hay

Esto es así desde tiempo inmemorial, probablemente desde que los humanos empezamos a hablar. Y puede que lo sea porque todas las sociedades han sido machistas y patriarcales, sí, pero es lo que hay. El lenguaje no es sexista, nosotros sí; o el lenguaje es sexista porque nosotros lo somos.

Nuestro admirado Juan José Millás decía en El País que ahora, al menos, somos conscientes del sexismo en el lenguaje: «Desde que las mujeres tienen más visibilidad hay un malestar en el lenguaje que antes no existía». Lo cual es de agradecer. Pero en Balloon nos parece absurdo decir «los ciudadanos y las ciudadanas», «los trabajadores y las trabajadoras», «los vascos y las vascas»… Se podrá argumentar que si cambiamos el lenguaje, la sociedad cambiará. No estamos de acuerdo. Creemos que lo que hay que cambiar es la desigualdad en las cuotas de mujeres y hombres en puestos directivos, consejos de administración, presidencias, ministerios, parlamentos, administraciones, medios de comunicación… Pero la igualdad no surgirá del mal uso del lenguaje.

¿Cuánto pagarías por no hacer el ridículo?

Algunas empresas de reconocida solvencia lanzan campañas publicitarias plagadas de errores y faltas de ortografía. Prefieren hacer el ridículo antes que pagar a un corrector.

Faltas de ortografía

En Balloon pensamos que la gente es muy libre de gastarse el dinero en lo que quiera; o mejor dicho, de no gastárselo, sobre todo ahora que se ha convertido en un bien tan escaso.

A nadie le gusta pagar

Por eso hay gente que, por ejemplo, descubre una aplicación que le encanta pero se ve obligada a renunciar porque cuesta 0,79 €. También hay quien desea muchísimo una canción que no se le quita de la cabeza, pero se resiste a soltar 0,69 € cuando, tal vez, pueda descargarla gratis. Los hay que se mueren por saber qué pasará en la tercera parte de una famosa trilogía, pero se pasan horas, incluso días, intentando bajarse una versión pirata antes que desembolsar 4,99 € por una de pago.

Conste que no está en nuestro ánimo criticar a quienes tienen graves problemas económicos, sino a aquellos otros que piensan que todo debe ser gratis, especialmente en internet. Casi todo tiene un precio; y el trabajo de los demás, también.

Ahorrar el chocolate del loro

No deja de sorprendernos que empresas solventes gasten sumas considerables en grandes campañas y, sin embargo, prefieran hacer el ridículo y desprestigiar su nombre en lugar de pagar a un corrector de estilo. En nuestro Facebook las sacamos a menudo: Óptica Roma escribe «Optica», Movistar lanza una campaña poniendo «Llama grátis», Desigual diseña una camiseta con errata, Decathlon manda una encuesta con falta de ortografía…

La última empresa metepatas ha sido Lycamobile, que ha hecho una campaña en las paradas de autobús, o sea, que ha puesto unos carteles muy muy grandes por todas partes en los que ha acentuado un tu posesivo. «Trae tú número a Lycamobile», dice su publicidad en un cuerpo de letra gigantesco.

Cierto es que mucha gente, por desgracia, no se percata de los errores, no da importancia a si algo lleva tilde o no, incluso todavía piensa que las mayúsculas no se acentúan… Pero otra gente sí se da cuenta. Afortunadamente, cada vez más personas piensan que es importante escribir bien.

La imagen que transmiten las empresas que comunican o se anuncian con faltas de ortografía es poco profesional, de desidia, carente de rigor. Es más, muchos ni siquiera se fiarían de quienes descuidan lo más evidente: si esto hacen con lo que se ve, qué no harán en la trastienda.

Los correctores no somos caros. Y nuestras tarifas no son nada comparadas con el precio de hacer el ridículo.

Hasta los mismísimos de «el mismo»

Estamos hartos del uso incorrecto de «el mismo», «la misma», «los mismos», «las mismas»… 

MISMO_MISMA

«Se detuvo un coche y descendieron dos enmascarados del mismo», cita Lázaro Carreter en El dardo en la palabra para criticar a los periodistas televisivos. Y continúa: «Decir que “descendieron dos enmascarados”, nada más —porque resulta evidente que es del coche de donde bajaron— parecería tosco a quienes creen que, para expresarse en público, hay que montárselo largo y engolado. Con el fin de estirar la cosa, podrían decir: «Descendieron dos enmascarados de él», pero las teles desdeñan esta posibilidad por normal y llana: no cuadra con su aspiración a lo raro, aunque sea mostrenco por repetido y sobado».

La mala utilización de el mismo, la misma… resulta tan común que nos tememos que la RAE —que se empeña en decirnos que no legisla, sino que se limita a recomendar y recoger el habla de la gente— lo admitirá cualquier día. Y así nuestros políticos, abogados, periodistas, profesores… todos esos aficionados al uso y abuso de el mismo podrán legitimar este horror con el que se creen más cultos que el resto de los hispanoparlantes.

Modo de empleo de mismo

La RAE, en el Diccionario panhispánico de dudas, explica claramente todos los usos de mismo -ma. Como adjetivo, mismo indica identidad: «Es el mismo tipo que yo conocí». También puede indicar igualdad: «Padre e hijo tienen la misma cara». Mismo expresa además indiferencia: «Ponte eso mismo, no pierdas más tiempo». En ocasiones tiene un carácter enfático: «En el momento mismo en que le vi, me enamoré de él», «Se lo dijo en su misma cara», o puede acompañar a un adverbio: «Mañana mismo quedamos». A veces va detrás de un pronombre tónico: «Siempre se lo reprochaba a sí mismo». Puede sustantivarse: «Yo no opino lo mismo», «Sus ojos siguen siendo los mismos». Se emplea en estructuras comparativas: «Funciona lo mismo de día que de noche». Y en el lenguaje coloquial equivale a tal vez: «Si no voy, lo mismo te cabreas»…

Cuándo no se dice el mismo

Pero mismo no debe emplearse con sentido anafórico, es decir, sin contenido, solo para referirse a algo ya mencionado. En estos casos, según la RAE, «siempre puede sustituirse mismo por otros elementos más propiamente anafóricos, como los demostrativos, los posesivos o los pronombres personales». Es decir, una frase como «Su comparecencia fue larga; durante la misma…», debería ser: «Su comparecencia fue larga; durante ella…» o «durante esta». Otras veces ni siquiera es necesario, y cuando probamos a quitarlo, la frase se entiende perfectamente: «La velocidad del tren era elevada. Por eso el mismo descarriló», había sido mejor: «Por eso descarriló».

En realidad, no hemos detectado su uso en la intimidad. Es impensable decir algo del tipo: «Niños, tenéis la cena en la mesa; comeos la misma y largaos a la cama» o «Cariño, no me has dado un beso al llegar; ven a darme el mismo». Tampoco se oye en situaciones cotidianas: «Quiero un nuevo corte de pelo; me gustaría que el mismo parezca con más volumen», o: «¿Estas pescadillas son frescas? Las mismas no lo parecen», ni «He pinchado una rueda, arrégleme la misma».

Sin embargo, cada vez que escuchamos hablar a un político, un presentador de la tele, un abogado, un juez, un actor… aparece el mal empleo de el mismo y no una, sino montones de veces, como si eso pudiera demostrar su cultura en lugar de su estulticia.

Y no digamos en el lenguaje escrito, escribimos mal cuando, por lógica, debería ser más correcta la redacción, reposada y corregida, que la expresión, casi siempre espontánea.

Estamos hasta los mismísimos

Fernando Lázaro Carreter señalaba que en el Esbozo de 1973 ya se advertía: «Conviene llamar la atención sobre el empleo abusivo que la prosa administrativa, periodística, publicitaria, forense y algunas veces la prensa técnica hacen hoy del anafórico el mismo, la misma, por considerarlo acaso fórmula explícita y elegante. Pero no pasa de vulgar y mediocre».

Uno de los trabajos de Balloon es corregir libros, y a menudo de eminentes profesores que escriben farragosas frases llenas de mismos. Nuestra tarea consiste en sustituir sus enrevesados circunloquios que remiten a mismos incomprensibles por frases cortas, claras, sencillas. No siempre lo admiten de buen grado. Por eso hemos escrito este post, para pediros, por favor, que no lo uséis más y deciros que estamos hasta los mismísimos de esta mismidad.

Esto está mal escrito

Lo que está mal escrito permanece y daña nuestra imagen. El que tiene boca se equivoca, pero el que escribe debería tomarse un momento para corregir sus textos.

Mal escrito

1. Pienso de que existo

El dequeísmo es un error muy frecuente que consiste en anteponer la preposición de delante de que cuando no procede. Para saber si la frase requiere o no el de, bastaría con formular la pregunta:

  • Es «Pienso que ya no te interesa» y no «Pienso de que ya no te interesa» porque la pregunta es «¿Qué piensas?»  y no «¿De qué piensas?».

Tan horroroso parece el dequeísmo que muchas veces se incurre en lo opuesto, el queísmo, que consiste en suprimir el de delante de que cuando sí es necesario.

  • A veces se dice «Me enteré que tenías el cargo», cuando lo correcto es «Me enteré de que tenías el cargo», porque la pregunta es «¿De qué te enteraste?» y no «¿Qué te enteraste?».

2. Preveyendo que lo dijeras

Existe una tendencia a complicar el verbo prever cuando es de lo más sencillo. Prever significa ver con anticipación, o sea, que se forma con el prefijo pre- y el verbo ver: preveo, prevés, prevemos, previendo, previmos, preveremos… Y el verbo ver lo sabe conjugar todo el mundo, así que basta con poner un poquito de atención.

3. Han habido varias personas

El verbo haber, cuando funciona como impersonal, va en singular: «Había una persona en la sala» y «Había varias personas en la sala», «Ha habido una revuelta» y «Ha habido numerosas revueltas», «Hay una persona que no lo tiene claro» y «Hay bastantes personas que no lo tienen claro», «Hubo una ponencia en contra» y «Hubo muchas ponencias en contra»… Está mal escrito «Habían varias personas», «Hubieron ponencias en contra», «No quiero que hayan más casos», etc.

4. Delante mío, detrás tuya

Esto está mal escrito. Álex Grijelmo lo explica muy bien en su libro «La gramática descomplicada» (Taurus, 2006). Para saber si la expresión es correcta o no, basta con darle la vuelta:

  • No es correcto decir «delante mío», porque no no se puede decir «en mi delante».
  • No es correcto decir «detrás suya» porque no se puede decir «en su detrás».
  • No es correcto decir «cerca mío», porque no se puede decir «en mi cerca».

O sea, que lo correcto es «delante de mí», «detrás de ella», «cerca de mí», etc.

En cambio sí está bien «al lado suyo», porque se dice «a su lado»; «en contra suya», porque se dice en su contra; «alrededor suyo» porque se dice «a su alrededor».

5. ¿Quién son?

El plural de quién es quiénes. No hay por qué emplear el singular cuando nos referimos a varias personas: «¿Quiénes son las ganadoras?», ¿Quiénes serían los elegidos?», «¿Quiénes serán las ponentes?». Y no: «¿Quién son?», ¿Quién serían?», «¿Quién serán?».

6. Tú contestastes que no

Aquella canción de Mecano con esa clara -s final en la segunda persona del singular del pretérito perfecto simple fue chirriante. Nada de -s; se dice dijiste, viniste, hablaste, estuviste, contestaste, respondiste

7. Venir cuando queráis

El modo imperativo se utiliza para dar una orden, pero también para pedir algo, amenazar o advertir. Por ejemplo: «Ve a buscarlo ahora mismo» o «Venid a verme, por favor». El imperativo de venir en segunda persona del plural es venid: «Venid (vosotros) a la reunión», no «Venir a la reunión». El imperativo del verbo ir en segunda persona del singular es ve (tú) o id (vosotros) para el plural. No se puede decir: «Ves a decirle que vamos a empezar», ni «Ir tomando asiento», sino «Ve a decirle…» o «Id tomando asiento». En impersonal se dice «Cerrar la puerta», «Empujar», «Tirar», «No aparcar»… Pero si nos dirigimos a la gente no podemos decir: «Cerrar la puerta al salir», sino «Cerrad la puerta» o «Cierren la puerta», si les hablamos de usted. Por lo mismo no se dice «Iros ya», sino «Idos ya». Tampoco es correcto «Daros prisa», sino «Daos prisa».

 

Si escribes correctamente, puedes ser tomado por un ignorante

Los criterios de la Real Academia Española son a veces tan chocantes que alguien que escriba correctamente puede ser tomado por un ignorante.

Escribir bien

Si uno se pone tiquismiquis con la ortografía de los demás, que es lo que nosotros hacemos en nuestro Facebook, siempre hay gente dispuesta a sacar la lupa. Normal, donde las dan las toman. Por eso más de una vez nos han recriminado que hayamos puesto esto o lo otro. Y no vamos a decir que seamos infalibles, nosotros también metemos la pata como el que más, pero hay ocasiones en que nuestros lectores deberían reclamar a la RAE por hacer recomendaciones que van en contra de lo que la mayoría de la gente opina.

¿Márquetin?

Es el caso, por ejemplo, de márquetin. Cuando lo escribimos así siempre hay alguien que nos llama brutos, y si no lo hace, lo piensa. Mandamos una propuesta impecable a un cliente y lo único que nos responde es: «¡Mira que escribir márquetin en lugar de marketing!».

Pasa también desde que la RAE nos recomendó que ya no pusiéramos acento diacrítico en solo cuando era adverbio y equivalía a solamente. Desde ese día ya nadie sabe si el escribiente está a la última o si desconoce si la palabra lleva tilde o no.

Ya hemos escrito aquí sobre los extranjerismos, y cómo no es lo mismo ser trending topic que tendencia del momento, ni utilizar etiquetas que hashtags. Nuestro admirado Javier Marías se quejaba en un artículo de las adaptaciones: a él no le gusta poner mánayer ni pirsin; y en cuanto a güisqui recuerda que está mal transcrito su sonido, que es como si escribiéramos «güevos».

Es cuestión de acostumbrarse

Pero por otro lado, está bien preservar nuestro idioma y nuestras grafías. Por eso no escribimos yogourt, porque los españoles decimos yogur.

En la medida de lo posible, creemos que hay que adaptar las nuevas palabras a nuestra lengua y no tener vergüenza al emplearlas. Así que en Balloon Comunicación vamos a seguir escribiendo márquetin, para ver si todos, nuestros lectores y nosotros, nos acostumbramos y deja de parecernos raro… Aunque, bien pensado, si empezamos a vendernos como «gestores de comunidades» sabemos que nuestras oportunidades laborales van a ser mucho menores que si nos presentamos como community managers.

En fin, que lo único que queremos decir con este post es que, antes de criticar a los demás por cómo escriben, vayamos al Diccionario y ¡critiquemos todos a la RAE!