Frases hechas y lugares comunes

Las vacaciones siempre son merecidas; los viajeros, incansables; las playas, paradisiacas; los marcos, de incomparable belleza… Escribir y hablar con frases hechas es muy común, y está especialmente arraigado entre los periodistas.

Noam Chomsky, en su faceta de lingüista, afirma que la lengua es un conjunto infinito de oraciones. Según su idea de gramática generativa, aunque el número de palabras de una lengua sea finito y las oraciones deban cumplir determinados requisitos gramaticales, semánticos y fonéticos, su combinación es infinita. Además, las lenguas se nutren de neologismos y extranjerismos que las enriquecen constantemente. Por lo tanto, un sujeto podría crear un número ilimitado de frases: todas las que su pensamiento genere.

Sin embargo los humanos, y dentro de este género, los humanos periodistas, tenemos tendencia a hablar con frases inventadas por otros, frases de segundo cerebro, podríamos llamarlas.

De ahí que repitamos lo mismo cada día, cada informativo, cada artículo… Se podrá argumentar que para lo que nos pagan y con la premura con la que nos vemos obligados a trabajar no estamos para creatividades. Sí, es cierto, pero no hace falta consultar el Corripio a cada frase, bastaría con evitar el camino trillado.

Graves sucesos

La Divina Comedia es una obra rica en descripción de situaciones desagradables, pero resulta sorprendente que, pese a la prolijidad de Dante para contar hecatombes, a nadie se le ocurran adjetivos menos manidos que «dantesco»: una riada, dantesca; un botellón, dantesco; un atasco, dantesco… Hoy todo lo que se sale de lo normal se convierte en un «espectáculo dantesco». Un informador utiliza el calificativo y todos los demás aprovechamos ese mismo, para qué buscar otro, si tenemos uno a mano. Y así ocurre que los incendios forestales son «pavorosos incendios» o que los coches accidentados siempre quedan reducidos a un «amasijo de hierros».

Para los periodistas, Valencia es «la ciudad del Turia»; Sevilla, «la capital hispalense», y las Canarias, «las islas afortunadas». Si hablamos de competiciones, rara vez son «aptas para cardiacos». Las noticias frescas se llaman de «rabiosa actualidad» y cuando se trata de narrar sucesos desagradables, se manejan «macabros hallazgos», «salvaje agresión», «brutal atentado» o «baño de sangre». Si la policía encuentra un fiambre, generalmente en un «inhóspito paraje», se llama «cuerpo sin vida» o «cuerpo inerte». Cuando hay un delincuente en el suceso, «pone en jaque» al agresor y si el sujeto, al no ver salida, se suicida, es porque «decidió poner fin a su vida».

Hechos memorables

Nos ocurre también que ya nadie se va simplemente de vacaciones. En estos tiempos de crisis, para que la gente no piense que estamos abusando en lugar de ejerciendo un derecho laboral, solo nos tomamos unas «merecidas vacaciones». Cuando los ociosos son personajes de la revista Hola! entonces pasan a tener «vacaciones de ensueño», y los protagonistas suelen posar en «marcos de incomparable belleza» o en «playas paradisiacas». Si celebran las navidades, entonces se denominan «esas entrañables fiestas».

En asuntos políticos es frecuente decir que «la polémica está servida». En ocasiones se «rebaja el tono de las acusaciones», pero muchos diputados se sitúan en el «ojo de huracán» cuando realizan «polémicas declaraciones».

Se propaga a gran velocidad

Las expresiones son un virus que infecta a quien las escucha, y no solo a la clase informadora, sino a todo bicho viviente. Por eso ya nada es lógico a secas, sino que siempre es «lógico y natural», hemos dejado de valorar sin más porque preferimos «poner en valor», la bolsa cuando baja «cae estrepitosamente» y las sesiones largas, aunque sean reuniones de vecinos, pasan a ser «maratonianas».

Está claro que es más asequible vestir ropa de confección en las grandes cadenas de moda que comprarse un traje de alta costura, pero intentar ser originales sí es accesible para cualquiera que lo intente. Los informadores y correctores, de acuerdo con Chomsky, deberíamos inventarnos nuestro propio discurso para redactar las noticias y comentarios de cada día, y dejar de repetir frases usadas; eso beneficiaría a quien nos lea o nos escuche. Y lo mismo deberían hacer los meteorólogos, no vaya a ser que la gente empiece a decir: «He salido a la calle y… ¡está cayendo una precipitación en forma de lluvia…!».

Los monosílabos no se acentúan, excepto…

Que «los monosílabos no se acentúan» es de esas frases que recordamos de los tiempos del colegio, pero ¿nos acordamos también de las excepciones?

Los monosilabos no se acentuan

Las palabras de una sola sílaba no llevan tilde, pero como el español es un idioma puñetero, no podemos decir que nunca se acentúan, sino que no se acentúan casi nunca.

¿Qué es un monosílabo?

Parece sencillo saber qué es un monosílabo: una palabra de una sola sílaba, un núcleo fónico único: mil, pan, yo. Pero tener la condición de palabra monosílaba no implica necesariamente ser breve. Dentro de las palabras monosílabas las hay cortas: va, la, y también las hay largas: guieis, friais.

Tampoco todas las palabras cortas son monosílabas; por ejemplo, oía es trisílaba.

Pero nuevamente nuestro idioma puñetero nos lleva a las excepciones. Hay palabras que pueden ser consideradas monosílabas o bisílabas dependiendo de la pronunciación del hablante. Por ejemplo, puede pronunciarse y escribirse guion o guión, truhan o truhán, riais o riáis, fié o fie.

Para ayudar a saber si una palabra es monosílaba hay que tener en cuenta que algunas combinaciones vocálicas siempre son diptongos, con independencia de su pronunciación. Son los casos en los que se combina una vocal abierta (a, e, o) con una vocal cerrada (i, u), o viceversa, siempre que i, u no sean tónicas. También forman diptongo dos vocales cerradas juntas diferentes y átonas.

Esta convención, relativamente reciente (1999), hace que algunas formas verbales a las que poníamos tilde ya no la lleven por considerarse ahora palabras monosílabas: criais, lieis, aunque, como dice la RAE, es admisible acentuarlas si los diptongos se pronuncian como hiatos.

Pero atención: rio (pasado de reír) no lleva tilde porque, según lo dicho anteriormente, la i y la o forman un diptongo, con lo que la palabra es monosílaba; pero río de corriente de agua sí se acentúa porque se marca el hiato en la pronunciación. Lo mismo pasa con pio (pasado de piar) y pío, que es una persona devota o también la onomatopeya del sonido que emiten los pollitos y los pajaritos. Ejemplos: «Yo me río mucho», «Él se rio ayer», «El río Ebro».

Los correctores automáticos del Word y otros procesadores de texto nos van a dar como erróneas algunas de estas palabras, por lo que conviene ir a la web de la RAE, escribir el infinitivo del verbo objeto de duda (reír, freír, huir…) y pulsar el botón de «conjugar»; ahí podremos ver todos los tiempos verbales conjugados.

La famosa tilde diacrítica

Los monosílabos no se acentúan salvo excepciones. En ocasiones, aunque no siempre, ponemos una tilde diacrítica para diferenciar palabras aparentemente iguales con funciones gramaticales distintas. Pero no ocurre lo mismo con otras palabras bisílabas: como todo el mundo sabe y con frecuencia critica, solo ya no se acentúa en ningún caso. Y tampoco este, ese, aquel ni sus variantes de género y número, ya tengan función de pronombres o de demostrativos.

En general, la tilde diacrítica se pone en los monosílabos en las formas tónicas, las que pronunciamos con mayor intensidad, y no se pone en las formas átonas. Pero también hay excepciones. Por ejemplo, la letra te (tónica) no se diferencia con una tilde del pronombre te (átono), o las notas musicales mi, si (tónicas) no llevan tilde que las diferencie del posesivo mi o la conjunción si.

De momento, la RAE nos dice que sí pongamos tilde diacrítica en los siguientes casos:

del verbo dar («Quiere que le dé la razón»). NO se pone tilde en de preposición («No tengo nada de dinero», ni al referirnos a la letra de.

Él pronombre («Él es el hombre de mi vida»). NO se pone tilde en el artículo («El día más largo»).

Más podríamos decir que siempre se acentúa porque lleva tilde cuando es adjetivo («Ahora tengo más trabajo»), cuando es adverbio («Tú eres más alta»), cuando es conjunción con valor de suma («Dos más dos son cuatro»), cuando es pronombre («Sírveme más») y cuando es sustantivo («Pon un más en la cuenta»). NO se pone tilde a mas cuando equivale a pero, función que no suele utilizarse casi nunca por lo cursi o literario que resulta: «Te contrataría, mas temo las críticas».

se tilda cuando es pronombre («Lo quiero para mí»). NO se pone tilde cuando mi es posesivo («Mi vida es complicada») ni cuando se refiere a la nota musical.

lleva acento gráfico cuando es la primera persona del verbo saber («Sé que me quieres»). NO se pone tilde a se en sus usos pronominales ni impersonales ni de pasiva refleja («Se quieren como el primer día», «Se vende plaza de garaje»).

tiene tilde cuando es adverbio de afirmación («Sí, quiero»), cuando es pronombre reflexivo («Solo piensa en sí misma») y cuando es sustantivo («Se dieron el sí»). NO lleva tilde si cuando es conjunción («Si vienes, te espero»), ni cuando es una nota musical.

lleva tilde cuando se refiere a la infusión, y por alguna razón que no comprendemos también lleva tilde tés, en plural. Los tés de taza, sustantivos masculinos, no podrían confundirse con las tes, letras, femeninas, pero la RAE así lo manda. NO lleva tilde te ni cuando es una letra ni cuando es un pronombre («Te dejo solo»).

Tú lleva tilde cuando es pronombre («Tú eres la mejor»). NO lleva tilde tu cuando es posesivo («Tu risa es contagiosa»).

Otros monosílabos (o no) con tilde diacrítica (o no)

Aún o aun puede ser monosílaba o bisílaba, según se pronuncie. Lleva tilde cuando puede sustituirse por todavía con significado temporal, ponderativo o intensivo: «Aún es de noche», «Aún es más caro», «Aún me gusta más». Cuando puede sustituirse por hasta, tambiénincluso, aunque, se escribe sin tilde: «Aun a ciegas, me lo quedo», «Te humillará aun cuando te vea en las últimas», «Aun así no me rindo», «Aun sabiendo que no vendrás, te esperaré».

Los monosílabos cual, cuan, que y quien no llevan tilde si son átonos («Cada cual que se ocupe de lo suyo», «Se tumba cuan largo es», «Que no me digas nada», «Quien quiera que se vaya») y la llevan cuando son tónicos («Son a cuál más bobo», «Cuán abandonado me tienes», «No tengo con qué pagar», «No sé quién se va a ocupar», con independencia de si se acompañan o no de signos de admiración o interrogación.

O no lleva tilde nunca, ni siquiera cuando va entre dos números, como se hacía antes, porque la RAE considera que las tipografías actuales diferencian claramente las cifras de las letras y que está claro que aquí pone 1 o 2 y no 102.

¿Complicado? Pues sí, pero para eso estamos los correctores profesionales. Si quieres que tus textos estén perfectos, llámanos.

¿Se escribe junto o separado? (II)

En el post anterior hablamos de locuciones que da igual si se escriben junto o separado; la RAE suele preferir que se escriban en una sola grafía, pero admite que se haga en dos. En esta entrada vamos a ver expresiones que se escriben siempre juntas, o siempre separadas o en dos palabras o en una dependiendo de su función y significado.

Se escribe junto o separado

Se escribe siempre junto

Apenas. Quiere decir un montón de cosas: escasamente, difícilmente, casi no, recientemente, en el momento en que… «Apenas se mueve», «Apenas trabajo con ellos», «Apenas hacía una hora que habíamos hablado», «Apenas termino de cenar y ya tengo hambre de nuevo». Apenas siempre va junto.

Se escribe siempre separado

A gusto. Quiere decir cómodamente, con placer. «Me siento muy a gusto a tu lado», «Me reí a gusto».

De repente. Va siempre separado, es un adverbio que indica que algo se aborda de forma súbita, inesperada, imprevisible.

En medio. Quiere decir que algo o alguien está en el centro o estorbando el paso: «Estaba en medio del pasillo».

Se escribe junto o separado, depende…

Hay locuciones que pueden escribirse junto o separado y da igual, pero otras pueden inducir a error y llevarnos a cometer una falta garrafal. Prestemos atención.

Acerca. Es una locución que precede a un complemento para expresar de qué se trata, sobre qué: «No sé mucho acerca de ese asunto».

A cerca. Cerca separado de la a expresa proximidad de tiempo, lugar, cantidad… «El virus afecta a cerca de un millón de personas».


Aparte. Tiene muchos significados y funciones: al margen de, excepto a, con omisión de, además de y puede ser adverbio, sustantivo, adjetivo y preposición. En todos estos casos se escribe junto: «Aparte de lo dicho, no tengo nada más que añadir», «Dejando aparte sus diferencias, le saludó cordialmente», «Bromas aparte, esto va en serio», «Este tipo es un caso aparte», «Hizo un aparte para dirigirse al público», «Aparte de ella, nadie más lo sabe».

A parte. Esto es otra cosa, se trata de una coincidencia de la preposición a seguida del sustantivo parte: «Esto no conduce a parte alguna», «Córtalo a partes iguales». Es decir, que podríamos asegurar que aparte se escribe siempre junto, salvo que nos encontremos en una frase con el sustantivo parte.


Contrarreloj. Puede escribirse junto o separado cuando se trata de un adjetivo: «La prueba contrarreloj se celebrará el martes», y también si es un sustantivo: «La contrarreloj fue emocionante».

Contra reloj. Es una locución adverbial que significa a toda prisa y que debe escribirse siempre en dos palabras: «Estoy trabajando contra reloj». Por cierto, es incorrecto poner antes la preposición a.


Demás. Expresa lo que queda, una parte del total. «A la demás gente le pareció raro», «Las demás personas se retiraron», «Lo demás me da igual», «Las demás cosas quedan pendientes», «Trataremos de todo lo demás», «Llevaremos comida, bebida y demás».

De más. Cuando coincide la preposición de con el adverbio de cantidad más se escribe separado: «Aquí no pinto nada; estoy de más», «No dijo ni una palabra de más».


Entorno. Es un sustantivo que designa el ambiente, lo que nos rodea, el medio natural. «El bebé estaba fuera de su entorno habitual», «Se crió en un entorno muy duro», «Hay que preservar el entorno». Sabemos que va junto cuando es sustantivo; esto es, que admitiría delante un artículo como el o un.

En torno. Es una locución adverbial que significa alrededor. «La familia se reunió en torno a ella», «Miró en torno suyo para descubrir algún indicio». También puede expresar cantidad aproximada: «Suelo caminar en torno a un kilómetro diario».


Mediodía. Cuando nos referimos a las 12 horas o al centro del día, se escribe en una sola palabra: «Se levanta a mediodía», «Mejor quedamos a mediodía y comemos juntas». También va en una palabra cuando se refiere al Sur o Mediodía.

Medio día. El adjetivo medio, mitad, y el sustantivo día se escriben siempre separados: «Se quedó solamente medio día», «Estuve medio día con dolor de cabeza».


Sinvergüenza. Para calificar o insultar a alguien se pone junto: «Este político es un sinvergüenza».

Sin vergüenza. La preposición sin más el sustantivo vergüenza se escriben siempre separados, indican que alguien hace algo sin cortarse, sin pudor: «Actuó sin vergüenza».


Sobretodo. Un sobretodo es un abrigo.

Sobre todo. Es una locución adverbial que siempre se escribe en dos palabras y significa especialmente, principalmente.


En un post anterior hablamos de algo que suele complicar mucho la vida a la gente: las variaciones de porque, por que, porqué y por qué.

Nos quedan algunas dudas sobre cuándo se escribe junto y cuándo separado, por ejemplo, en el caso de los prefijos o las variaciones de a sí mismo, así mismo y asimismo o sino y si no… Pero eso será otro día.

¿Cuánto pagarías por no hacer el ridículo?

Algunas empresas de reconocida solvencia lanzan campañas publicitarias plagadas de errores y faltas de ortografía. Prefieren hacer el ridículo antes que pagar a un corrector.

Faltas de ortografía

En Balloon pensamos que la gente es muy libre de gastarse el dinero en lo que quiera; o mejor dicho, de no gastárselo, sobre todo ahora que se ha convertido en un bien tan escaso.

A nadie le gusta pagar

Por eso hay gente que, por ejemplo, descubre una aplicación que le encanta pero se ve obligada a renunciar porque cuesta 0,79 €. También hay quien desea muchísimo una canción que no se le quita de la cabeza, pero se resiste a soltar 0,69 € cuando, tal vez, pueda descargarla gratis. Los hay que se mueren por saber qué pasará en la tercera parte de una famosa trilogía, pero se pasan horas, incluso días, intentando bajarse una versión pirata antes que desembolsar 4,99 € por una de pago.

Conste que no está en nuestro ánimo criticar a quienes tienen graves problemas económicos, sino a aquellos otros que piensan que todo debe ser gratis, especialmente en internet. Casi todo tiene un precio; y el trabajo de los demás, también.

Ahorrar el chocolate del loro

No deja de sorprendernos que empresas solventes gasten sumas considerables en grandes campañas y, sin embargo, prefieran hacer el ridículo y desprestigiar su nombre en lugar de pagar a un corrector de estilo. En nuestro Facebook las sacamos a menudo: Óptica Roma escribe «Optica», Movistar lanza una campaña poniendo «Llama grátis», Desigual diseña una camiseta con errata, Decathlon manda una encuesta con falta de ortografía…

La última empresa metepatas ha sido Lycamobile, que ha hecho una campaña en las paradas de autobús, o sea, que ha puesto unos carteles muy muy grandes por todas partes en los que ha acentuado un tu posesivo. «Trae tú número a Lycamobile», dice su publicidad en un cuerpo de letra gigantesco.

Cierto es que mucha gente, por desgracia, no se percata de los errores, no da importancia a si algo lleva tilde o no, incluso todavía piensa que las mayúsculas no se acentúan… Pero otra gente sí se da cuenta. Afortunadamente, cada vez más personas piensan que es importante escribir bien.

La imagen que transmiten las empresas que comunican o se anuncian con faltas de ortografía es poco profesional, de desidia, carente de rigor. Es más, muchos ni siquiera se fiarían de quienes descuidan lo más evidente: si esto hacen con lo que se ve, qué no harán en la trastienda.

Los correctores no somos caros. Y nuestras tarifas no son nada comparadas con el precio de hacer el ridículo.

¿Para qué necesitamos un corrector de estilo?

La figura del corrector de estilo sigue siendo imprescindible. Es lo que vamos a defender en este post. Y además esperamos convencer a todo el mundo.

Los correctores de estilo no solo corrigen faltas de ortografía, como puede hacer el corrector automático de un programa tipo Word. Los correctores son profesionales que conocen la lengua y sus reglas, la forma de mejorar un texto, la manera de hacerlo comprensible, llenarlo de coherencia, enriquecerlo, adecuarlo al fin para el que ha sido creado y, con ello, prestigiar al cliente para el que trabajan.

El corrector de estilo es un profesional que tiene el conocimiento necesario para hacer su trabajo, pero también es alguien que posee unas cualidades especiales. Por ejemplo, tiene que ser capaz de hacer una lectura en tres niveles.

Un primer nivel para detectar los errores

¿Cuántas veces hemos leído bien algo que en realidad estaba mal? Son esos errores que llamamos «dedazos», o sea, cambiar el «odren de las letars» y que son difíciles de pillar. Un profesional puede detectarlos porque está entrenado para ello. Tampoco se le escaparía que falta una letra en «Las niñas iban vestida de azul». Evitaría errores que un corrector automático no detectaría: «la masa está lista», «la mesa esta lista», «la misa esta listo»… son tres frases que aparecerían como correctas si aplicáramos la corrección informática. Por lo mismo, solo un profesional podría discriminar si debe poner «cuándo» o «cuando», «mí» o «mi», «que» o «qué», «porque», «porqué», «por qué»…

Un segundo nivel para comprobar la sintaxis

El segundo nivel de lectura permite al corrector asegurarse de que la sintaxis es correcta: la concordancia de género y número; la puntuación, tan necesaria para entender un texto; el uso adecuado de los tiempos verbales; la eliminación de gerundios inapropiados… Su trabajo conseguirá la longitud idónea de las frases, la sustitución de palabras repetidas, la eliminación de localismos.

El corrector profesional también evita la pobreza léxica y elimina esos usos incorrectos del lenguaje como «a nivel de…», los extranjerismos innecesarios, las frases hechas y lugares comunes o la utilización inapropiada del vocabulario, algo muy gracioso que vemos a menudo: uno piensa equivocadamente que «diletante» significa una cosa y emplea la palabra sin venir a cuento; y no digamos con «adolecer», término al que suele atribuirse lo contrario de lo que quiere decir.

Un tercer nivel para vigilar el contenido

No es propiamente función del corrector comprobar que el teorema expuesto en un texto de matemáticas o el tratamiento en un escrito médico sean los correctos, pero su especialización le hará detectar errores y consultar con el autor antes de validar un texto. El corrector de textos sabe si el contenido es preciso, riguroso, coherente… Vamos, que se da cuenta de si se está diciendo una sandez en el caso de que el autor se haya despistado. Por lo mismo, en una novela o en una corrección literaria, se dará cuenta de si hay coherencia entre los diálogos, repeticiones, atribuciones impropias a personajes, narración en primera o tercera persona…

Este nivel de lectura es siempre importante, y especialmente después de una traducción; de este modo, el corrector se cerciora de que el texto se entiende y no contiene partes oscuras.

El corrector, además, adecuará la corrección del texto a la finalidad para la que haya sido escrito: no es lo mismo un contenido legal, científico, literario, divulgativo, publicitario…, ni tampoco es igual un escrito para publicar en Internet que en papel.

Escribimos fatal

No está claro si se trata de un problema de aprendizaje, de una deficiencia en los planes de estudio o de una especial complejidad de nuestra lengua, pero lo cierto es que muchísimas personas escriben mal y cometen multitud de errores. Es verdad que a menudo pasan inadvertidos para la gran mayoría de los lectores, pero tengamos por seguro que entre ellos habrá quienes conozcan las reglas de un texto bien escrito y para esa gente nuestra imagen va a perder puntos con cada error de estilo, gramatical o tipográfico.

Además, ahora tenemos un nuevo problema, y es que las redes sociales permiten difundir cualquier barbaridad al momento. Un error puede convertirnos en el hazmerreír de mucha gente, ávida de pillar a los demás en un desliz… ¡Como nosotros, sin ir más lejos! ¿Conocéis nuestra sección en Facebook de «No fueron a clase ese día»?

No es lo mismo ser ‘trending topic’ que tema del momento

Nuestra reflexión sobre el uso de extranjerismos en los medios de comunicación.

La moda nos fascina hasta tal punto que podemos tirar al contenedor de Humana una prenda que nos sienta como un guante tan solo porque ya no se lleva. Lo mismo nos pasa con el lenguaje, dejamos de utilizar las palabras adecuadas para sustituirlas por otras que nos parecen más fashion.

Todas las profesiones tienen su jerga y la han tenido siempre. Cuando un albañil habla con otro, percibimos multitud de términos que se nos escapan; igual que cuando escuchamos conversaciones entre maestros, entre informáticos… Pero los periodistas deberíamos esforzarnos en cumplir con el rigor de informar. Es decir, que lo primero es que todos, y no solo los iniciados, nos entiendan.

Dicho esto, en nuestra opinión no hay que renunciar a utilizar extranjerismos por varias razones:

  • Porque enriquecen nuestro discurso.
  • Porque aprendemos otras lenguas.
  • Porque pueden ser más rigurosos para definir algo que queremos que todo el mundo comprenda.
  • Porque en ocasiones son mucho más breves.
  • Porque no siempre tenemos una palabra equivalente.
  • Y porque muchas veces haríamos el ridículo si nos empeñamos en emplear la palabra correspondiente en español.

Pero en Balloon amamos nuestra lengua y la cuidamos especialmente, así que procuramos respetar, siempre que podemos, el modo de empleo de los extranjerismos.

Hay que explicar los extranjerismos

Y hay que hacerlo de manera que el lector no se ofenda. El periodista escribe para todo el mundo. Por tanto no puede poner «La nueva biopic, término que quiere decir “película biográfica”…» porque habrá alguien que piense que le estamos llamando tonto: sabe antes que el periodista qué es una biopic.

Pero si  no lo explicamos, corremos el riesgo de molestar a otros lectores, y con razón, porque no estamos informándoles, y ese es el primer mandamiento del periodista.

La alternativa es saber ser sutiles. Redactar algo así como: «Esta es la primera película biográfica del director, que nunca antes se había interesado por el género biopic», por ejemplo, para que los lectores que no conocían el extranjerismo lo deduzcan, aprendan algo nuevo y nosotros podamos así utilizar en adelante ese término a lo largo del artículo sin tener que repetir las mismas palabras.

No conviene abusar de los extranjerismos

No está bien poner frases como «las celebrities más fashionistas eligen un outftit vintage de precio middle range». Los extranjerismos se pueden utilizar de vez en cuando, pero sobrecargar el texto resulta una pesadez, queda ridículo, no es nuestro idioma y, lejos de dar una sensación de riqueza, queda pobre. Y hortera.

Tenemos que escribir los extranjerismos en cursiva

Son préstamos y tienen que diferenciarse, como recomienda la Academia, de las palabras españolas. Así que todo aquello que no figure en nuestro diccionario debería ir en cursivas si el resto del texto va en redonda, o en redonda si estamos empleando cursiva.

Los extranjerismos se pueden españolizar

Nuestra lengua, como todas, se nutre también de préstamos que acabamos incorporando como propios y, con el uso,  adaptamos la grafía original a la española. Por ejemplo, ya nadie escribe yogourt como los franceses, sino que hemos españolizado la palabra y ponemos yogur.

Algunos extranjerismos son inevitables

Por más que nos insten a adaptarnos a la escritura española, hay casos en los que nos resulta imposible. Por ejemplo, nos da un poco de reparo poner güisqui en lugar de whisky. Otro caso: no podemos anunciar en nuestra tarjeta de visita «director de mercadotecnia» en lugar de «director de marketing». (Nosotros escribimos márquetin, pero sabemos que hay gente que nos mira raro).

Además, por más que tengamos palabras equivalentes en español, algunas no se entienden igual. No es lo mismo decir que «las palabras de Ana Botella fueron trending topic» que «se convirtieron en un tema del momento».

Por parecidas razones, los publicistas no quieren hacer campañas dirigidas a su «público objetivo de destinatarios», sino a su target. Y no digamos cuando la RAE o la Fundéu nos recomiendan que, en pleno entusiasmo por la fórmula 1, no declaremos que Vettel ha conseguido la pole, sino la «primera posición de la parrilla de salida» o que ha sido penalizado con «pasar por la calle de garajes sin pararse» o a «hacer un pase y siga» en lugar de un drive-trhough.

También sabemos que nosotros deberíamos llamarnos Bocadillo Comunicación en lugar de Balloon Comunicación, pero finalmente decidimos que no.

Y dicho esto, queremos dejar claro que sí, que pensamos que hay lenguas invasivas, colonizadoras de otras y que tenemos que defender el idioma español. ¡Pues claro!

¿Lleva tilde o no?

Los errores más frecuentes a la hora de poner acentos gráficos.

Aparte de las normas comunes que todos conocemos, o deberíamos conocer desde la escuela, hay algunas reglas de acentuación con las que es frecuente tropezar una y otra vez.

Las mayúsculas sí se acentúan

Las mayúsculas llevan tilde si procede, igual que las minúsculas. Es Óscar, Álvarez o PANADERÍA, CARNICERÍA, CAFETERÍA… cuando se cuelga un rótulo comercial con mayúsculas. El dicho de «las mayúsculas no se acentúan» se lo inventó alguien que metió la pata, porque es completamente falso.

Los monosílabos no llevan tilde, salvo excepciones

Los monosílabos no llevan tilde, salvo que sean palabras iguales con diferentes funciones, y en algunos casos añaden eso que se llama «tilde diacrítica».

  • pronombre: «Tú eres muy lista», o tu posesivo: «Tu lista es demasiado extensa».
  • del verbo dar : «Dé usted las gracias», o de preposición: «Es de madera».
  • sustantivo: «Tomaré otro té» o «Pon tres tés con leche», o te pronombre: «Te quiero».
  • Él pronombre: «Él no juega», o el artículo: «El juego de cartas».
  • adverbio: «Sí quiero», o si conjunción: «Si vienes, avisa»
  • verbo: «No lo sé», o se pronombre: «Se «Se sabe lo que es».
  • Más adverbio, adjetivo o pronombre: «Quiero más», «Este es el signo más», o mas preposición, algo que nadie usa salvo que sea un cursi: «Le espero, mas no vendrá».
  • pronombre: «Esto es para mí», o mi posesivo: «Mi caaaasa».

Hay estos 8 casos. O sea, que no hay que poner tilde a ti, no lo hagáis, por favor; ni a vio, fue, dio

No llevan tilde los participios que proceden de verbos cuyo infinitivo acaba en –uir. Huir-huido, concluir-concluido.

A veces sí y a veces no

Este, ese, aquel, esta, esa, aquella, aquellos y aquellas pueden tener función de demostrativos o de pronombres, pero, según la nueva ortografía, ya no llevan tilde diacrítica, salvo en el improbable caso de que induzcan a error: «¿Por qué llevaron aquellos zapatos?», puede referirse a unos zapatos determinados o bien a los individuos que iban calzados.

Las palabras adonde, como, cual, cuan, cuando, cuanto, donde, que y quien no llevan tilde si son conjunciones o relativos: «Como cada día, me levanté temprano», o deben llevarla si tienen valor interrogativo o exclamativo (aunque no se ponga un signo de interrogación ni de exclamación): «Dime dónde vas», «Qué buen chiste». También cuando tienen función de sustantivos han de llevar tilde: «Voy a investigar el cómo y el cuándo».

El caso solo

Solo antes se acentuaba cuando era adverbio que equivalía a solamente: «Sólo te lo diré si me guardas el secreto»; y no llevaba tilde cuando era adjetivo: «No me gusta dejar al niño solo». Pero la RAE ha dicho que ya no se tilde, salvo que induzca a error, lo cual es un lío, porque así no sabes si el que escribe quería decir lo que ha dicho o es que no conoce las reglas. El ejemplo más divertido fue ese que circulaba por Internet: «He tenido sexo solo una hora». ¿Qué quería decir con ese «solo»?

Todavía

Aún lleva tilde cuando puede sustituirse por todavía con significado temporal, ponderativo o intensivo: «Aún es temprano», «Aún es mejor», «Aún me gusta más». Cuando se utiliza con el mismo significado de hasta, también, incluso, aunque…, se escribe sin tilde: «Aun sin verlo, lo compré», «Ni aun de lejos me gusta», «Aun cuando lo pidas de rodillas», «Aun así no me rindo», «Aun sabiendo que no vendrá, cerraré con llave».

Igualmente

Los adverbios terminados en -mente conservan la tilde si la había en el adjetivo del que derivan: fácil-fácilmente; y no la llevan si no la tenían en origen: feliz-felizmente.

Palabras compuestas

Dos palabras unidas con guion conservan la acentuación gráfica que tuvieran antes: teórico-práctico. Pero dos palabras unidas sin guion para formar otra compuesta llevan la tilde en la sílaba tónica del último elemento solo si procede según las reglas generales: dieciséis, baloncesto.

Abreviaturas

Las abreviaturas mantienen la tilde en la letra que la lleve cuando la palabra se escriba completa: Pág.-Página, Á.- Álvarez.

Hay más errores frecuentes, sobre todo con diptongos, hiatos, triptongos…, pero no queremos que nos odiéis. Si dudáis con vuestros textos, contratad a un corrector de estilo. Para eso estamos.

Los 7 errores más comunes a la hora de escribir

Las redes sociales nos obligan a escribir constantemente. Para no quedar mal, hay que evitar los errores; estos son los más habituales.

1. Abuso del gerundio

El gerundio debe emplearse para describir una acción que transcurre a la vez que otra y para poco más. Su uso obliga generalmente a redactar frases enrevesadas e incorrectas. Es muy popular su empleo en la jerga de los abogados y jueces; de ahí que a menudo no se entienda nada de lo que dicen. Ej.: “Se publica un nuevo decreto estableciendo…”, debería escribirse: “Se publica un nuevo decreto que establece…”.

2. Empleo de “el mismo”, “la misma”, “los mismos”… 

Es incorrecto su uso con sentido anafórico, es decir, vacío de contenido, aunque lo digan políticos, literatos y, por supuesto, periodistas. Casi nunca resulta necesario y las frases quedan más sencillas e inteligibles si se suprime. En caso imprescindible, puede sustituirse por este, esta, estos… Ej.: “Habrá que adelantar el pago y luego gestionar la devolución del mismo”, debería escribirse: “Habrá que adelantar el pago y luego gestionar su devolución” o “Habrá que adelantar el pago y luego gestionar la devolución de este”.

3. Conjugación equivocada del verbo prever

No se dice “preveyendo” ni barbaridades parecidas; prever se forma con el prefijo pre más el verbo ver, que todos sabemos utilizar: es previendo, previó, previmos…

4. Dequeísmo y queísmo

No es correcto decir “Pienso de que deberían hacerlo” ni “Estoy seguro que deberían hacerlo”. Lo correcto se averigua preguntando al verbo. Se dice: “¿Tú qué piensas?” o  “¿Tú de qué piensas?”, pues entonces es “Pienso que”; se dice “¿Qué estás seguro?” o “¿De qué estas seguro?”, en este caso es “Estoy seguro de que”.

5. Dificultades con el verbo haber

El verbo haber es impersonal y va siempre en singular: “Había una persona en la casa” y “Había varias personas en la casa”. Es un error muy extendido decir “Habían varias personas”, sobre todo en Cataluña.

6. Una ese de más

Esa que se pone en la 2ª persona del pretérito indefinido de indicativo, es otro error común.  No es “estuvistes”, sino estuviste, dijiste, hiciste… sobra la ese final. Este es un fallo típico de los madrileños.

7. Deber y deber de

El verbo deber antes de un infinitivo se emplea para expresar obligación: “Debe estudiar más si quiere aprobar”, o sea, queremos decir que tiene que hacerlo. “Deber de” expresa suposición, probabilidad: “Debe de estudiar más porque saca mejores notas que antes”.

Textos para Internet

En un post anterior hablamos de cómo escribir para Internet en cuanto a la manera idónea de estructurar el contenido. Ahora nos centramos en el estilo.

 

Tenemos que recordar la vieja norma siempre válida: frases cortas y sencillas, compuestas de sujeto, verbo y predicado. Lo mejor es no perdernos con las oraciones subordinadas para no correr riesgos y también para que nuestro mensaje se entienda mejor, que es de lo que se trata.

Es importante recordar que los puntos son gratuitos. Si no estamos seguros de saber redactar correctamente, creemos nuestra oración simple y pongamos un punto; construyamos la siguiente y pongamos otro punto. Así no nos liaremos.

De mí para ti

Cuidemos la forma de dirigirnos al lector. Puede ser una redacción impersonal: “hay que”, “conviene”, “es aconsejable”, “resulta interesante”… O bien hablemos al usuario en estilo directo: “no olvides”, “actúa”, “pasa a”… Si lo preferimos, utilicemos el tratamiento de usted: “le interesa”, “recuerde que”… Pero mantengamos el estilo a lo largo de todo el texto, es decir, no llamemos al receptor de nuestro mensaje unas veces de usted y otras de tú, en ocasiones en plural y otras en singular.

Hay que ahorrar

Siempre es bueno ir al grano, pero más en los textos para Internet. “Hacer acto de presencia”, “dar por finalizado”, “ser objeto de una agresión”, “mantener una conversación” y miles de expresiones más se pueden decir con una sola palabra en vez de con tres, cuatro o cinco. No olvidemos que aquí menos es más.

Elijamos palabras de uso corriente, porque escribimos para que nos entiendan. Estamos informando, no haciendo literatura. Nuestro vocabulario debe ser simple.

Usemos los verbos en voz activa.

Cuando creamos que hemos terminado de escribir, queda la corrección del texto. Revisemos lo escrito para detectar errores y pulir el estilo: seguro que hay frases que podemos simplificar.

5 razones por las que es importante escribir bien

Estos son algunos de los motivos por los que pensamos que es importante aprender a escribir correctamente.

1 Escribir bien muestra nuestro orden mental

En la escritura se ve cómo estructuramos nuestro pensamiento, si tenemos claras las ideas, si somos dispersos o confusos… Hay personas que ignoran que las comas y los puntos son gratuitos y dan una impresión de caos mental que puede poner en entredicho sus palabras.

2 Escribir bien es una deferencia hacia el lector

Indica que valoramos y damos importancia a nuestro interlocutor. Aunque sea un breve sms, hay que procurar que el receptor perciba que nos hacemos entender con corrección; o sea, que le valoramos.

3 Escribir bien enseña a los demás a escribir bien

Igual que para hablar bien es mejor escuchar a los que hablan bien, para escribir bien es preciso leer a los que escriben bien. No difundir errores ayuda a preservar nuestra lengua.

4  Escribir bien nos hace sentirnos seguros

Ocurre en todas las situaciones de la vida: si conducimos fatal, tendremos miedo cada vez que nos pongamos al volante; si nuestro inglés es atroz, nos dará vergüenza hablarlo… Cuando no sabemos expresarnos bien con la escritura, sentimos ansiedad y temor en múltiples situaciones: una reclamación, una nota de trabajo, un examen o un tuit de 140 caracteres. Si sabemos hacerlo, lo haremos con la gorra.

5 ¿No fuiste a clase ese día?

Escribir bien nos aleja de nuestra sección «No fueron a clase ese día». No lo podemos evitar, nos gusta reírnos de los errores ajenos y a veces de los propios. La lengua nos proporciona leña para la hoguera de nuestro sentido del humor.

Y esto no es todo: se nos ocurren más razones para escribir bien.