¿Pero yo para qué quiero un blog?

A mí lo que me interesa es vender más, entonces ¿para qué quiero un blog?

Según algunas estadísticas, hay 170 millones de blogs en el mundo y cada día se crean 150.000 nuevos. Pero pese a la abundancia y la feroz competencia, tener un blog siempre resulta interesante. Aparte de las 12 razones convincentes por las que tener un blog de empresa, que ya dimos en un post anterior, el blog nos permite dar a conocer nuestra marca y posicionarnos mejor en los buscadores. Además, un blog bien hecho, atractivo, actualizado es un beneficio para la imagen empresarial: estamos regalando conocimientos y consejos a nuestros seguidores y sin tratar de venderles nada (aparentemente, claro).

¿Tenemos algo diferente que ofrecer?

Seguro que sí, o al menos de distinta manera. Un empresario que planee abrir un bar no piensa que, como ya existen otros bares, mejor renuncia a la iniciativa, sino que busca su diferencia en un mejor servicio, unos buenos precios, un desayuno especial… Pues nosotros lo mismo. Seguro que podemos contar algo acerca de nuestra empresa de forma interesante, atractiva y diferente.

Sobre qué hablamos

Lo mejor es crear un blog sobre algo que nos interese promocionar, pero también que conozcamos y nos inspire. Así resultará más sencillo determinar los contenidos, elaborarlos y acceder a las fuentes de información concretas que necesitaremos para nutrir nuestro blog.

Un blog no es publicidad directa

No dediquemos nuestras entradas a decir lo bien que hacemos nuestro trabajo, sino a regalar conocimientos. De vez en cuando, siguiendo con el ejemplo del bar, podemos utilizar un post para ensalzar nuestro menú del día, pero ofrezcamos otras informaciones: consejos nutricionales, recetas de tapas, cotilleos sobre lo que desayuna la reina de Inglaterra, historia de la cerveza, la colocación correcta de los cubiertos de postre…  Nuestros lectores deben ver la utilidad de seguirnos.

Seamos perseverantes

Si decidimos crear un blog, hay que comprometerse. Es como casarse: uno no debe montar un tinglado semejante para abandonarlo a los dos días. Tenemos que estar seguros de poder mantener la regularidad en las entradas o, si no podemos, encargárselo a un profesional que se ocupe de hacerlo. De lo contrario, conseguiremos el efecto contrario al deseado.