Los contenidos en las redes sociales

Bien, ya estamos en las redes sociales, y ahora ¿qué decimos?  

Las empresas quieren estar en las redes sociales porque todo el mundo está. No pueden quedarse desfasadas ni perder oportunidades de negocio. Es casi una obligación cara a sus clientes, les deben una imagen, un lugar fácilmente accesible, como puede ser Facebook, Twitter o un blog, un sitio rápido y cómodo para comunicarse, opinar o incluso protestar.

Pero una vez que deciden estar en redes sociales, viene el gran dilema. ¿Qué ponemos? Las redes sociales son casi como los bebés, hay que alimentarlas, si bien no cada pocas horas, al menos sí a diario.

Lo que no hay que hacer

Por otra parte, tampoco podemos llenar nuestras redes sociales de mensajes que solo conduzcan a vender nuestros productos: la publicidad cansa, y mucho. Todos hemos aprovechado los anuncios de la tele para hacer otras cosas o pasamos de largo por las páginas de las revistas que van destinadas a nuestra cartera.

Otra actitud inadecuada de las empresas en redes sociales es pasarse el día dándose autobombo. ¿Quién no tiene un amigo o familiar que va de perfecto, exhibe que todo lo hace bien y le va fenomenal en la vida? Pues un día le aguantamos, dos también, pero al tercero…

Aburrir a nuestros usuarios o caerles mal es lo último que debe hacer una empresa. Porque un seguidor en Facebook o Twitter dura mucho menos que el matrimonio de una estrella de Hollywood. En las redes sociales las separaciones son gratuitas e instantáneas, le das al “ya no me gusta” o al “dejar de seguir” y adiós a la relación empresa- cliente.

Tampoco podemos dedicarnos al copy/paste, tan de moda en Internet, porque esas cosas, a la larga, cantan; ni ser de los que tan solo enlazan contenidos de otros, porque damos imagen de pobreza y falta de recursos.

Los profesionales saben escribir

Lo ideal es generar contenidos propios de interés, al menos de vez en cuando, que estén bien escritos y que digan algo interesante. Y si uno no se siente capaz de hacerlo, puede encargárnoslo a nosotros o, para no pecar de lo que decíamos más arriba sobre el autobombo, a cualquier experto en la materia, que hay muchos y muy buenos.