Hasta los mismísimos de «el mismo»

Estamos hartos del uso incorrecto de «el mismo», «la misma», «los mismos», «las mismas»… 

MISMO_MISMA

«Se detuvo un coche y descendieron dos enmascarados del mismo», cita Lázaro Carreter en El dardo en la palabra para criticar a los periodistas televisivos. Y continúa: «Decir que “descendieron dos enmascarados”, nada más —porque resulta evidente que es del coche de donde bajaron— parecería tosco a quienes creen que, para expresarse en público, hay que montárselo largo y engolado. Con el fin de estirar la cosa, podrían decir: «Descendieron dos enmascarados de él», pero las teles desdeñan esta posibilidad por normal y llana: no cuadra con su aspiración a lo raro, aunque sea mostrenco por repetido y sobado».

La mala utilización de el mismo, la misma… resulta tan común que nos tememos que la RAE —que se empeña en decirnos que no legisla, sino que se limita a recomendar y recoger el habla de la gente— lo admitirá cualquier día. Y así nuestros políticos, abogados, periodistas, profesores… todos esos aficionados al uso y abuso de el mismo podrán legitimar este horror con el que se creen más cultos que el resto de los hispanoparlantes.

Modo de empleo de mismo

La RAE, en el Diccionario panhispánico de dudas, explica claramente todos los usos de mismo -ma. Como adjetivo, mismo indica identidad: «Es el mismo tipo que yo conocí». También puede indicar igualdad: «Padre e hijo tienen la misma cara». Mismo expresa además indiferencia: «Ponte eso mismo, no pierdas más tiempo». En ocasiones tiene un carácter enfático: «En el momento mismo en que le vi, me enamoré de él», «Se lo dijo en su misma cara», o puede acompañar a un adverbio: «Mañana mismo quedamos». A veces va detrás de un pronombre tónico: «Siempre se lo reprochaba a sí mismo». Puede sustantivarse: «Yo no opino lo mismo», «Sus ojos siguen siendo los mismos». Se emplea en estructuras comparativas: «Funciona lo mismo de día que de noche». Y en el lenguaje coloquial equivale a tal vez: «Si no voy, lo mismo te cabreas»…

Cuándo no se dice el mismo

Pero mismo no debe emplearse con sentido anafórico, es decir, sin contenido, solo para referirse a algo ya mencionado. En estos casos, según la RAE, «siempre puede sustituirse mismo por otros elementos más propiamente anafóricos, como los demostrativos, los posesivos o los pronombres personales». Es decir, una frase como «Su comparecencia fue larga; durante la misma…», debería ser: «Su comparecencia fue larga; durante ella…» o «durante esta». Otras veces ni siquiera es necesario, y cuando probamos a quitarlo, la frase se entiende perfectamente: «La velocidad del tren era elevada. Por eso el mismo descarriló», había sido mejor: «Por eso descarriló».

En realidad, no hemos detectado su uso en la intimidad. Es impensable decir algo del tipo: «Niños, tenéis la cena en la mesa; comeos la misma y largaos a la cama» o «Cariño, no me has dado un beso al llegar; ven a darme el mismo». Tampoco se oye en situaciones cotidianas: «Quiero un nuevo corte de pelo; me gustaría que el mismo parezca con más volumen», o: «¿Estas pescadillas son frescas? Las mismas no lo parecen», ni «He pinchado una rueda, arrégleme la misma».

Sin embargo, cada vez que escuchamos hablar a un político, un presentador de la tele, un abogado, un juez, un actor… aparece el mal empleo de el mismo y no una, sino montones de veces, como si eso pudiera demostrar su cultura en lugar de su estulticia.

Y no digamos en el lenguaje escrito, escribimos mal cuando, por lógica, debería ser más correcta la redacción, reposada y corregida, que la expresión, casi siempre espontánea.

Estamos hasta los mismísimos

Fernando Lázaro Carreter señalaba que en el Esbozo de 1973 ya se advertía: «Conviene llamar la atención sobre el empleo abusivo que la prosa administrativa, periodística, publicitaria, forense y algunas veces la prensa técnica hacen hoy del anafórico el mismo, la misma, por considerarlo acaso fórmula explícita y elegante. Pero no pasa de vulgar y mediocre».

Uno de los trabajos de Balloon es corregir libros, y a menudo de eminentes profesores que escriben farragosas frases llenas de mismos. Nuestra tarea consiste en sustituir sus enrevesados circunloquios que remiten a mismos incomprensibles por frases cortas, claras, sencillas. No siempre lo admiten de buen grado. Por eso hemos escrito este post, para pediros, por favor, que no lo uséis más y deciros que estamos hasta los mismísimos de esta mismidad.