Felicidades, Wikipedia, y que cumplas muchos más

La Wikipedia cumple 15 años. La humanidad nunca había tenido un logro tan importante y tan útil. En la Wikipedia colaboran desinteresadamente gentes de todo el mundo con el único fin de compartir el conocimiento. Larga vida a la Wikipedia. Balloon Comunicación

Entre todos, hemos conseguido 37 millones de artículos redactados en 288 idiomas. La Wikipedia está gestionada por una organización sin ánimo de lucro, que, lógicamente, tiene unos costes de desarrollo de software y alojamiento. Por eso suelen pedirnos dinero de vez en cuando. Nosotros aportamos lo que podemos cada vez que esto ocurre: nos parece lo justo, porque la consultamos a menudo, y porque cada día nos alegramos de su existencia.

En Balloon también participamos corrigiendo errores cuando los detectamos. El hecho de que la Wikipedia contenga datos incorrectos no debe hacernos dudar de su fiabilidad. Todos podemos publicar lo que creemos exacto, pero todos podemos equivocarnos. La gran ventaja es que, al ser un sistema abierto, cualquiera puede enmendar los fallos. Si uno encuentra algo mal escrito, lo que debe hacer es mejorarlo.

La Wikipedia, «la enciclopedia libre», pone al alcance de todos el saber universal. Todos tenemos el compromiso de mantenerla y agrandarla. Larga vida a la Wikipedia.

¿Por qué necesitamos los emoticonos?

Los emoticonos son necesarios, y no solo cuando escribimos con ironía a un amigo sin sentido del humor, sino también en el mundo profesional.

Emoticonos son necesarios

Decía George Hills, el periodista, escritor y profesor hispanobritánico con el que generaciones de periodistas aprendieron su oficio, que «las paredes oyen, pero oyen muy mal porque no ven». Con la escritura es peor: ni vemos a nuestro interlocutor y ni siquiera le oímos, por eso es tan fácil malinterpretar un mail o un wasap.

En estos tiempos en los que los clientes no abundan es más importante que nunca tenerlos contentos. Una mala redacción o una interpretación equivocada no pueden hacer que nuestro destinatario se mosquee. Por supuesto que lo primero es escribir bien y dominar la manera correcta de expresar con fidelidad lo que queremos decir, pero añadir un emoticono en el momento justo puede disipar cualquier duda en el destinatario; es más, igual conseguimos que nos quiera más que a otro.

Los emoticonos son útiles

El Diccionario de la RAE recoge el término emoticono como una palabra formada por emoción e icono, y lo define como «símbolo gráfico que se utiliza en las comunicaciones a través del correo electrónico y sirve para expresar el estado de ánimo del remitente».

Cada día usamos más el correo electrónico y menos el teléfono para nuestras comunicaciones profesionales. El mail es rápido y la información queda por escrito, con lo cual no hay posibilidad (o no debería haberla) de decir: «Tú no dijiste eso sino lo contrario» o «No quedamos así sino asá».

El correo electrónico tiene grandes ventajas, pero también el gran inconveniente de que aumenta las probabilidades de conflictos por mala interpretación. Esto es así porque en un texto no hay tono, voz, gestos, sonrisas, dudas, ironía… Falta el lenguaje no verbal. Aunque uno tenga dotes de escritor romántico, corre más riesgo de que sus emociones no sean correctamente interpretadas en un escrito, donde el lenguaje es, en cierto modo, incompleto.

Eso sin contar con que mucha gente escribe fatal (los correctores damos fe de ello), que puede ser impulsiva, que a menudo responde los correos o los wasaps a toda velocidad, sin tiempo para reflexionar, sin ponerse las gafas, en el metro, desde el móvil… Unos cuantos golpes de pulgar y ya le damos a la tecla fatídica: «enviado desde mi iPhone».

Los emoticonos son necesarios porque contribuyen a humanizar nuestros correos y nuestra imagen en redes sociales. Esas caritas simples provocan una reacción positiva en el destinatario porque nuestro cerebro está genéticamente dispuesto a prestar atención a los rostros humanos. Un emoticono disipa dudas, suaviza cualquier mensaje crítico, ofrece un plus de amabilidad y, aunque decir esto parezca más ñoño que un teletubbie, contribuye a crear un entorno más feliz.

Modo de empleo de los emoticonos

Sin embargo, dicho todo lo anterior, tampoco podemos ir poniendo caritas como si tuviéramos 15 años. Hay unas normas de uso:

  • No utilices un emoticono en las primeras comunicaciones por correo electrónico con un nuevo cliente. Tómate un poco de tiempo para conocerle antes de ponerle caritas; o sea, igual que en las relaciones de pareja: no pretendas intimar antes de tiempo.
  • Puedes y debes usar emoticonos en las redes sociales de tus clientes, como Facebook y Twitter. Los emoticonos tienen un gran poder social.
  • No te pases con los emoticonos, con una carita es suficiente, no es necesario poner tres ni siete.
  • Da igual que tu dispositivo tenga un emoticono para cada situación en la que pueda encontrarse el ser humano; limítate a los básicos: sonrisa, tristeza, guiño y poco más.
  • Relee tu texto antes de enviarlo, cuida tus saludos y despedidas, y si sospechas que algo puede malinterpretarse, emoticono al canto.
  • El correo electrónico no reconoce el sentido del humor ni la la ironía. Si eres graciosillo o utilizas el doble sentido, pon una sonrisa 🙂

No nos gusta la Ley de Propiedad Intelectual

Nosotros no conocemos aún el Anteproyecto de Ley de Propiedad Intelectual, pero todos los que trabajamos en redes sociales deberíamos estar muy preocupados.

Ley de Propiedad Intelectual

Teníamos el firme propósito de no polemizar, ser siempre políticamente correctos y no meternos con nadie (sobre todo para no molestar a nuestros clientes, ni actuales ni potenciales), pero el disparatado Anteproyecto de Ley de Propiedad Intelectual ha hecho que se disparen nuestras alarmas y nos dispongamos a decir lo que buenamente nos parece.

Puede que muchos periodistas se sientan muy contentos pensando que van a pagarles unos derechos de autor por los contenidos que a diario escriben durante jornadas interminables, sometidos a régimen de semiesclavitud, en precariedad laboral y mal pagados, pero seguro que no va a ser así: probablemente la Ley de Propiedad Intelectual beneficie a los empresarios, AEDE, CEDRO, pero no revierta en los periodistas.

Somos periodistas

Nosotros somos periodistas, y no nos gusta esta ley. Creemos en la libertad de expresión, que es en lo que se basa la nueva información, la del siglo XXI; creemos en la necesidad de compartir; creemos que Internet es, además de un poderoso medio de comunicación, una herramienta imprescindible para el progreso, la democracia y los derechos individuales y sociales.

Por eso pensamos que cuando leemos un artículo que nos gusta debemos poder compartirlo con nuestra comunidad de amigos o de clientes. Igualmente, cuando vemos algo que nos indigna, queremos poner un enlace para que otros vean lo que nosotros vemos, para denunciar la última butade de tal o cual periodista o la ocurrencia de tal o cual político.

Cuando alguien enlaza algún post de nuestro blog, no nos molesta ni sentimos que deba pagarnos por ello: nos halaga. Estamos encantados de las menciones en Facebook y los retuits en Twitter, y ojalá Menéame quisiera colocarnos en su sitio, para bien o para mal.

Una ley basada en el pasado

Nos guste o no, Internet ya no es un trozo de papel que, a lo sumo, leen cuatro o cinco parroquianos en un café. El periodismo hoy es otra cosa. Y la solución para sobrevivir como periodistas no es poner concertinas al campo, sino adaptarnos a los nuevos tiempos.

Probablemente a este Gobierno, y a todos, sean del signo político que sean, no les gusten nada los sitios como Menéame. Pero miente cualquier empresa que diga que no le encantaría estar ahí. Menéame es visibilidad para la marca: que hablen de mí aunque sea bien.

Y lo mismo pasa con las redes sociales. Con la nueva ley, ¿qué sentido va a tener Twitter?, ¿y Facebook? El día en que no podamos enlazar contenidos que consideramos de interés para nuestros seguidores, los legisladores habrán conseguido, efectivamente, «regular» las redes sociales.

Esta ley nace anticuada porque está redactada por gente que no trabaja en redes sociales ni en Internet. Y, como suele ocurrir, protege a los grandes, a los que forman parte del lobby. ¿Los periodistas os habéis parado a pensar qué va a ser de vuestro trabajo? ¿Os vais a vender por la promesa de un puñado de monedas a cambio de una falta de acceso universal a la información? ¿Qué va a ser de los community manager que buscan contenidos de valor para su comunidad y los enlazan? ¿Tendrán que repercutir el coste a las empobrecidas pymes para las que trabajan? Con esta ley perdemos todos, porque tendremos menos libertad de expresión.

Marketing contra periodismo

Los profesionales del marketing y los periodistas nunca nos hemos llevado bien del todo. Ahora los periodistas debemos asumir nuestra derrota.

Periodistas o marketing

En Balloon somos periodistas, vaya por delante. No nos gusta quejarnos, pero no nos queda otro remedio. Las asociaciones de la Prensa y la Fundación Tripartita (integrada por el Servicio Público de Empleo Estatal, las organizaciones empresariales y las sindicales) no hacen más que ofertar «cursos gratuitos de marketing para periodistas». Nos llaman al reciclaje.

Y esto ocurre mientras se cierran más y más medios de comunicación, se plantea un ERE hoy y otro mañana, despidos masivos, sueldos de esclavitud, jornadas interminables y sustitución de veteranos por becarios (contra los que no sentimos ninguna inquina, pobres).

Tenemos que reconocerlo: o nos convertimos pronto en mercadólogos o no serviremos para nada. El redactor de mesa hoy se alimenta de las redes sociales y las alertas de Google porque no tiene tiempo de ir a ruedas de prensa y porque en las pocas que se convocan, a veces, ni siquiera se admiten preguntas.

El corresponsal es ya una especie en extinción. Incluso esos que secuestran y matan en conflictos bélicos son periodistas y fotógrafos autónomos que se malvenden a cambio de tarifas de subsistencia. A nadie le interesa lo que aporta un periodista, sino lo que puede vender.

Da igual que el periodista escriba bien, que ofrezca temas de interés para su comunidad, que esté al tanto de las últimas novedades. Nadie o casi nadie se dará cuenta de sus virtudes.

Somos diferentes

Obviamente, a periodistas y mercadólogos nos interesa que las empresas para las que trabajamos obtengan buenos resultados, pero la manera de conseguirlo es absolutamente diferente para unos profesionales y otros.

En Balloon tenemos clientes para los que escribimos contenidos. Unos nos valoran, y les estamos muy agradecidos. A otros les da igual lo que pongamos; de hecho, estamos seguros de que ni ellos mismos se leen (y seguro que no van a leer este post). Solo quieren saber a cuánto ascienden este mes sus fans, followers, suscriptores y megusta. No ven más allá de las estadísticas y, por supuesto, el número de conversiones.

Algunos directores de márquetin (o marketing como suelen denominarse a sí mismos) piden por adelantado la planificación del mes o de la semana para comprobar que las noticias que vayan a publicarse en sus redes sociales no choquen con sus intereses comerciales. Preguntan qué temas de «rabiosa actualidad» colgaremos dentro de diez días, por ejemplo. Es decir, no están dispuestos a que la realidad les arruine una buena venta. El devenir mundial no ocurre porque sí: lo deciden los expertos en márquetin.

¿Y dónde queda la actualidad? ¡Qué más da eso! A quién le importa si aparecen noticias de hace un mes en algunos blogs, tuits que han sido retuiteados 3000 veces en el curso de la última quincena; actualizaciones déjà vu en Facebook sustentadas por el pago al señor Zuckerberg y noticias que sospechosamente se ponen de moda cada equis tiempo, según las consignas comerciales.

Los blogs se escriben con criterios de posicionamiento, enlaces apropiados y abundancia de palabras clave. Es la consigna. No hay que escribir bien, sino escribir como Google manda. Si no lo haces así, nadie te encontrará.

Los periodistas hemos perdido la batalla.

Educación para la ciudadanía sobre el teléfono móvil

Saber ser educado con el teléfono móvil debería ser una cuestión de sentido común, pero parece que no es así. Por eso pensamos que es necesario hacer campañas y contenidos de educación para la ciudadanía sobre el móvil. Aquí va nuestra contribución.

Educación teléfono móvil

Nos pasa todos los días: estamos en una reunión de trabajo y a alguien le suena el móvil. El propietario del aparato empieza a buscarlo. Si lo encuentra pronto, bien; si no, los demás permanecemos expectantes durante interminables momentos de tensión y silencio hasta que da con él. Por fin lo halla. Creemos que va a silenciarlo, a cortar la llamada…, pero no: le da al botón de descolgar. Suponemos que zanjará el paréntesis con un «Luego te llamo, estoy en una reunión». Nuevamente nos equivocamos: se pone a conversar. Los asistentes dejamos caer la mandíbula inferior, revisamos la pintura del techo y esperamos cortésmente.

Puede ser peor

En ocasiones no se trata de una reunión de trabajo, sino de una cita en el despacho del notario momentos antes de la firma, de una cena romántica aderezada con nuestra autoestima o incluso de una consulta médica en la que el doctor va a darnos el resultado de esa mamografía que no nos ha dejado dormir la noche anterior. La vida se detiene mientras el que hasta hace unos momentos era nuestro exclusivo interlocutor nos pone los cuernos para responder tranquilamente a la llamada. Termina y pregunta como si nada: «¿Qué estábamos diciendo?», y nosotros, con el puñal a medio clavar, le indicamos el camino por el que debe seguir. Otras veces  nos informa de que «Era mi madre, que si voy a comer este domingo», una revelación que nos duele más todavía: ¿Y por eso me has dejado? ¿Qué tiene ella que no tenga yo?

Los sordos

Hay personas a las que les suena el teléfono en el teatro, en un concierto, en misa, en el cine; esas personas a veces responden bajito, como si pensaran que el resto de la sala sufre una pérdida de audición transitoria. También hay quien se levanta y abandona la sala mientras responde, taconea y cierra la puerta con brío. El tercer grupo es esa gente a la que le suena el teléfono y está sorda; motivo por el cual lo oyen todos los demás menos el destinatario de la llamada.

El gusto por la diferencia

Un tipo especial de propietarios de teléfonos son los que disfrutan con que el sonido de la llamada de su móvil sea esa canción que tan buenos recuerdos les trae de su juventud, el primer llanto de su bebé con ecualizador o el canto desaforado de un gallo. Qué gracioso, piensan. Los que están a su alrededor escuchando al famoso conferenciante de Economía y Finanzas o en la última exposición del MNCARS no suelen compartir su sentido del humor.

Derecho a la intimidad

Una situación especialmente incómoda es cuando se atenta contra el derecho a la intimidad de los presentes. Por ejemplo, el propietario del móvil recibe una llamada en el reducido espacio del autobús. Como no se oye a sí mismo por el ruido del tráfico y del motor, responde a un volumen que permite que hasta el viajero de la última fila se entere de que la que era su novia hasta ayer mismo hoy ha dejado de serlo. Hay que entender que Sálvame no gusta a todo el mundo y este tipo de situaciones pueden incomodar muchísimo, sobre todo cuando no hay posibilidad de poner al hablante en modo off.

Así de sencillo

Muchos no lo sabéis, pero desde Balloon tenemos que daros una gran noticia: los teléfonos móviles se pueden silenciar. Es más, si no os acordáis de quitar el sonido antes de entrar en clase, en el restaurante, en la exposición…, ¡podéis desactivar el sonido mientras suenan! Los fabricantes, gente educada sin duda, han pensado también en que si estamos esperando una llamada importante podamos sentir nuestro móvil en lugar de oírlo o de que lo oiga todo el mundo: es el famoso sistema de vibración. Pero si pese a quien pese decidís responder, a no ser que la persona que llama vaya a ofreceros un cargo de asesor en el Gobierno, podéis cortar con un breve: «Te llamo en media hora, estoy ocupado». Y a continuación pedir disculpas a los presentes. Así de sencillo.

Las redes sociales mejoran la ortografía

Estamos cansados de leer artículos  y estudios que afirman que la gente escribe mal por culpa de las redes sociales; en Balloon pensamos justamente lo contario: cada día se escribe mejor gracias a ellas.

Escribir y redes sociales Balloon Comunicación

Los medios de comunicación están llenos de artículos titulados «La mala ortografía en las redes sociales», «Redes, culpables de la mala ortografía», «El uso de las redes sociales provoca mala ortografía», «La mala ortografía invade las redes sociales»… Pero nosotros pensamos que mejoran la ortografía y vamos a probarlo.

Nunca habíamos escrito tanto

Hace años, antes de que nacieran las redes sociales, algunos escribían cartas a máquina o a mano de vez en cuando. Las cartas por correo convencional podían tener como máximo dos, tres cuartillas…, salvo en situaciones muy concretas, como casos de enamoramiento agudo.

Una carta manuscrita implica un acto de voluntad que muy pocos están dispuestos a acometer: hay que esmerarse con caligrafía, cuidar la presentación, comprar un sobre en la papelería y un sello en el estanco, acudir a un buzón… y esperar la respuesta, a veces, durante semanas.

Escribir una carta con el ordenador y mandarla por correo también tiene su miga, especialmente cuando no funciona la impresora, cosa bastante habitual en cualquier hogar común y corriente.

Sin embargo, desde que tenemos mail, escribimos a nuestros colegas, clientes, proveedores… cuando es necesario y cuando no; protestamos a nuestro banco y nos quejamos a la gran superficie en donde hacemos la compra; estamos en contacto con amigos y familiares a los que no soportamos de visita; incluso felicitamos a los amigos por mail porque nos resulta más rápido que marcar su número de teléfono.

Pero, además, el nacimiento de las redes sociales ha hecho que nos encante opinar en los blogs, criticar a los que ponen más tonterías que nosotros, dejar comentarios en Facebook, escribir tuits ocurrentes, mandar wasaps informando de cosas tan interesantes como que nos vamos a la cama…

No hemos hecho ningún estudio científico al respecto, pero dado que cuesta más hacer unas inscripciones cuneiformes en mármol que teclear en el móvil, deducimos que los seres humanos nunca habíamos escrito tanto como ahora.

Y para escribir bien, como para cualquier cosa en la vida, lo mejor es practicar.

Nunca habíamos leído tanto

El Barómetro de Hábitos de Lectura, que se publica cada año, lo dice: cada vez leemos más. Y es así porque ya no es necesario cargar con Los Miserables en el autobús, sino que basta con llevar nuestro e-reader para viajar sobresaltados con las andanzas de Jean Valjean.

No solo leemos literatura, sino que pasamos (unos más y otros menos) buena parte del día en Internet, por trabajo o por gusto. Es cierto que en la Red leemos de forma diferente, pero leemos al fin y al cabo, que es de lo que se trata, las noticias, los mensajes virales, los blogs…

También vemos en Facebook la paella que ha hecho nuestro cuñado y nos interesamos por los comentarios de los amigos que tuvieron la suerte o la desgracia de dar fe de semejante hazaña. Pinchamos en los enlaces que nos llaman la atención en Twitter y seguimos a nuestro tuitero de cabecera para corroborar que estamos de acuerdo con casi todo lo que dice.

Y leer, como todo el mundo sabe y los expertos en educación recomiendan, es lo mejor para escribir bien. Probablemente nunca lleguemos a redactar como Víctor Hugo, pero a poco que nos fijemos algo se nos pegará, de él y de cualquiera que diga cosas inteligentes e inteligibles en las redes sociales.

Nunca habíamos sido tan populares 

La carta llena de faltas de ortografía que enviaba el enamorado a su amada solo la veía ella, y por más que fuera consciente de lo bruto que era su novio, el amor es ciego.

Cuando no nos ve nadie hacemos lo que nos da la gana, nuestro comportamiento es muy distinto en la intimidad que en público: en casa podemos estar con unas zapatillas viejas y un chándal sucio, pero para salir a la calle procuramos dar buena imagen. Las redes sociales han hecho que seamos visibles para mucha más gente, que nuestros mensajes lleguen a más personas y, por lo tanto, nos obligan a cuidar lo que ponemos. Igual que nos peinamos para bajar a por el pan, procuramos esmerarnos en lo que la gente va a leer.

¡Y ay de nosotros si no lo hacemos! Numerosos políticos, futbolistas, cantantes… famosos de medio y entero pelo se han visto sometidos al escarnio por una falta de ortografía en una red social.

Como queríamos demostrar, las redes sociales mejoran la ortografía, porque nunca habíamos escrito tanto, nunca habíamos leído tanto y porque ahora, cuando alguien pone una falta en las redes sociales, los demás aprovechan para reírse. Nosotros los primeros, ¡que así alimentamos nuestro Facebook!

¿Y si las redes sociales no funcionan?

No todas las empresas tienen éxito en las redes sociales. Existen estrategias para ganar seguidores, pero ¿y si pese a todo nuestro plan de social media no funciona?

Redes sociales no funcionan

Algunos empresarios pretenden tener un Facebook como el de Coca-Cola, con 71 millones de seguidores, incluso se conformarían con el de El Corte Inglés, con «solo» 1,3 millones de seguidores. Entonces se lanzan con entusiasmo a las redes sociales. Pero pasan los días, semanas, meses y hasta años, y ven que su comunidad no avanza, que sus redes sociales no funcionan y que, más allá de los diarios «me gusta» de generosas madres y amigos entregados, nunca hay nada nuevo.

¿Qué está fallando? Como en todo, no existe un único factor determinante, sino muchos que conviene estudiar. Estos pueden ser algunos:

Cada empresa tiene su público

Para empezar, no es lo mismo fabricar elevadores hidráulicos, por más útiles y demandados que sean, que vender productos de primera necesidad, o sea, algo que todo el mundo utilice. Una empresa muy especializada debe saber que su comunidad de seguidores no tiene necesariamente que ser gigantesca, bastará con que esté formada por público al que le interesa llegar.

Por ejemplo, si tienes un bar en tu pequeño pueblo, y tus vecinos consultan el menú, saben si televisarás el partido del domingo, comentan las recetas del pollo en pepitoria, vienen porque ofertas dos cañas al precio de una… quizá sea suficiente para tu negocio: tus redes sociales realmente funcionan.

¿Conocemos nuestros objetivos?

Esto es lo primero que debemos pensar. ¿Qué pretendemos al estar en las redes sociales? Ganar visibilidad, clientes, buena imagen… Las redes sociales no están para vender, sino para aportar valor a los seguidores, ofrecerles contenidos de interés.

Siguiendo con el caso del Facebook de El Corte Inglés: parte de su éxito está en que da consejos de belleza, moda y decoración, informa de ofertas, ofrece numerosos concursos muy ventajosos para los clientes, y todo ello trufado con muchas, muchas recetas de cocina sencillas y sabrosas. Estamos seguros de que sus seguidores no son necesariamente fieles compradores de la cadena de centros comerciales, pero les gusta seguir su Facebook porque obtienen un valor añadido. ¿Y qué consigue El Corte Inglés? Visibilidad, imagen de marca, publicidad, prestigio, difusión… y un canal magnífico de atención al cliente.

A diferencia de El Corte Inglés, hay empresas que si ven que no aumentan los clientes, llegan a la conclusión de que invertir en redes sociales no les reporta ningún beneficio.

El trabajo también se paga

Hay empresarios a los que les parece excesivo destinar 200 euros al mes para que les lleven sus redes sociales. Obviamente, un community manager no puede dedicar mucho tiempo a una empresa por este importe. Si se paga una porquería, se obtiene lo mismo. Seamos realistas: para tener una buena imagen en redes, hay que contratar a un profesional y, por más crisis que haya, no se puede pretender que trabaje gratis, porque no lo hará o lo hará mal: necesitará tener al menos 10 comunidades que gestionar para vivir dignamente y poder pagar a Hacienda. El trabajo, aunque sea a un periodista (je), también hay que pagarlo.

Dejémonos asesorar

Tener un Facebook solamente puede no ser nada. La mayoría de las veces, dependiendo de nuestro negocio, necesitaremos además una buena página web, un blog con contenidos de valor, una cuenta en Twitter, tal vez Pinterest… El community manager podrá asesorarnos sobre en qué redes sociales debemos estar. También, de vez en cuando, convendrá invertir en publicidad, hacer sorteos, concursos y regalos… para fidelizar a nuestros seguidores. Es precisamente en tiempos de crisis cuando hay que potenciar la presencia de las marcas en redes y cuando más hay que invertir en intentar crecer.

Estemos disponibles

El contacto fluido con el community manager resulta imprescindible: que pueda consultar con la empresa para la que trabaja siempre que lo necesite, que encuentre a alguien al otro lado de la línea que le suministre información, que le envíe lo que dice que va a enviar… esas cosas que no siempre se hacen. El empresario puede estar muy ocupado, pero es importantísimo que él o quien designe tenga una vía rápida de comunicación para que el community gestione la comunidad con éxito, sugiera mejoras y pueda dar una rápida y adecuada atención al cliente.

Ofrecer valor, el mejor regalo

Nosotros tenemos casos de éxito con algunos clientes sin ningún gasto en promoción ni publicidad: nos basta con ofrecer contenidos de interés para nuestra comunidad, tal es el caso del Facebook de Chupetes Personalizados, que gestionamos, o del Twitter de Todo Sobre Energía, o este mismo blog de Balloon, donde logramos muchas entradas cada día solo con dar buena información para que nuestros seguidores nos quieran más.

¿Quién debe llevar las redes sociales de tu empresa?

Facebook, Twitter, WordPress, Google+… tienen un gran poder para promocionar las empresas, crear fidelización hacia las marcas y gestionar la atención al cliente. Por eso es importante pensar con cuidado quién debe llevar las redes sociales de nuestra empresa.

Community manager

La difícil situación económica obliga a que muchas empresas, sobre todo medianas y pequeñas, no puedan permitirse contratar a un profesional para llevar sus redes sociales. No es por arrimar el ascua a nuestra sardina, que también, pero sinceramente creemos que lo más conveniente para cualquier empresa es contratar un profesional que lleve su imagen, que se ocupe del lanzamiento, de captar seguidores, de interesar a los clientes y, por supuesto, de responder a sus dudas, quejas, preguntas…

En este blog, hemos dado consejos a empresarios que quieren o tienen que llevar las redes sociales por sí mismos y también para empleados que manejan las redes sociales de la empresa a la vez que desempeñan otro trabajo. Pero ninguna de estas situaciones es la ideal.

Las ventajas de contratar un profesional

Cuando una empresa puede permitirse encargar la gestión de las redes sociales a un profesional obtiene muchas ventajas. El empresario debe saber que no se trata sola y exclusivamente de incrementar ventas, sino de crear una imagen empresarial asociada a la calidad y a los valores de responsabilidad corporativa. La mejor estrategia en redes sociales consiste en ofrecer información de utilidad para nuestros seguidores.

El gestor de redes profesional o community manager

  • Sabe crear contenidos que capten el interés de los seguidores, es capaz de contar historias y contarlas bien, de manera que forma una comunidad de personas interesadas en la marca.
  • Un buen profesional de la comunicación o el márquetin planifica las acciones en redes sociales con una estrategia que conduce a alcanzar los objetivos fijados.
  • Busca entablar conversaciones con los seguidores con el fin de generar interacción y recibir esa valiosa retroalimentación para conocer la opinión, gustos y tendencias de los clientes.
  • Sabe sintetizar y resumir lo importante, hacerlo divulgativo, fácil de entender.
  • Tiene ideas, porque crear es su trabajo y si su imaginación flojea, sabe dónde buscarlas.
  • No comete faltas de ortografía y escribe correctamente.
  • Cita las fuentes de su información, no copia, es responsable de su trabajo y no pone en riesgo a la empresa ni daña su imagen.
  • Es veraz, no engaña y aporta a la marca el beneficio de la credibilidad.
  • Está atento a los comentarios de los seguidores para responder con la máxima celeridad.
  • No se pone pesado con la venta, como pueden hacer en ocasiones los empresarios interesados solo por obtener resultados económicos. El profesional que gestiona las redes sociales sabe que al cliente lo que le interesa no es recibir información corporativa, sino de calidad y utilidad para sus intereses. Solo así se fidelizará a las redes y a la marca.
  • Conoce los recursos para incrementar su comunidad, mediante acciones de pago, promociones, concursos, encuestas…
  • Tiene conocimientos de SEO, pero lo que más le interesa es que el posicionamiento se deba a la calidad de su información y a las habilidades para hacer crecer con paso firme su comunidad con seguidores de verdad,  no comprados.

El empresario debe poner de su parte

Para que todas estas ventajas que las redes sociales aportan a la empresa ocurran, el empresario o la persona responsable de interactuar con el community manager debe ocuparse de dos aspectos fundamentales:

  • Facilitar el diálogo constante, mediante una permanente comunicación de ida y vuelta. Por un lado, comentar todo lo que acontece en la empresa: proyectos, actividad, producción, acuerdos… Por otro, debe solicitar información del estado de las redes, la respuesta social, el número de seguidores, los comentarios, visitas… La fluida conversación personal, telefónica o por mail entre la empresa y el community manager es clave para gestionar correctamente las redes sociales.
  • Por supuesto, todo esto tiene un precio. La gestión de las redes sociales se hace a medida. Si el empresario no paga al community manager de acuerdo con su dedicación y cualificaciónprobablemente se sentirá decepcionado con el resultado. La gestión de su empresa en redes sociales será acorde con lo que está pagando.

Publicidad: ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio

La publicidad resulta imprescindible para mantener los medios de comunicación gratuitos o a un precio asequible, pero hay que dejar claro al lector qué es publicidad y cuál es el contenido independiente.

Publicidad en Internet

Los periodistas de medios escritos se han pasado la vida viendo cómo los gerentes de su empresa valoraban cada revista o periódico exclusivamente por la publicidad, sin prestar atención a los contenidos redaccionales. Los redactores se mataban para escribir reportajes de interés, buscar temas novedosos, cerrar a tiempo la edición… y llegaba el gran jefe y pasaba las páginas a toda velocidad contando cuántos anunciantes tenía el número. Es decir, el plumilla de turno servía para rellenar espacios entre páginas de Lancôme, Audi o Ikea. ¡Qué tiempos!

Ahora es peor

Pero actualmente es peor. Los anunciantes brillan por su ausencia. Uno hojea las revistas y los dominicales y no encuentra más que dos, tres páginas pagadas a lo sumo. Las publicaciones se mantienen gracias al trabajo duro de plantillas diezmadas, profesionales mal pagados y freelancers sin derechos.

Por eso el papel ya no es rentable. Los anunciantes se han pasado a Internet, ahora ponen sus ojos en la red porque la publicidad es muy barata y porque es el lugar donde todos nos damos cita.

Sin embargo, los internautas estamos cansados de la publicidad invasiva, de las ventanas emergentes que disimulan la equis que nos permitirá hacerlas desaparecer, de los mensajes agazapados que nos asaltan en cada esquina de la pantalla sin piedad.

Pero de lo que de verdad estamos hartos es de la publicidad vestida con traje de información. Muchas marcas, sabedoras de la precariedad de los periodistas, buscan la recomendación de comunicadores influyentes, porque una palabra suya resulta más rentable para las firmas que cualquier anuncio explícito.

Seamos honestos

Todos esos blogs que nos venden productos entre líneas resultan cansinos. Cada cual es muy libre de vender lo que quiera, pero la ética informativa ha de estar por encima. Los profesionales no deben renunciar a la manera correcta de ejercer su profesión, por más que los tiempos sean difíciles, y es importante que dejen claro al lector qué es publicidad y qué es información, igual que se ha hecho siempre en los medios en papel.

En Balloon nos interesa la comunicación, y aunque aceptamos que no podemos vivir sin publicidad o sin suscriptores, no nos gusta que nos den gato por liebre. Como periodistas, el engaño nos resulta inaceptable.

Pensamos que la sobreabundancia de anuncios en la red no es buena… a menos que llegue a saturar tanto a los lectores que acaben pagando por los contenidos que les interesan con el fin de que no incluyan publicidad. ¿O es una utopía?